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¿Qué se considera riesgo cardiovascular?

riesgo cardiovascular

Las enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos son la principal causa de muerte en la mayoría de los países de América Latina, responsables de aproximadamente 1,9 millones de fallecimientos al año en la región [1]. Sin embargo, muchos de estos casos son prevenibles. Conocer nuestro riesgo cardiovascular (es decir, la probabilidad de sufrir un infarto, un derrame cerebral u otro evento del corazón) es el primer paso para proteger nuestra salud. En este artículo explicamos de forma clara qué factores debemos considerar y cómo evaluar ese riesgo.

¿Qué es el riesgo cardiovascular?

El riesgo cardiovascular es la probabilidad de que una persona sufra un evento relacionado con el corazón o los vasos sanguíneos, como un infarto de miocardio (ataque al corazón) o un accidente cerebrovascular (infarto cerebral o derrame) en un período determinado, generalmente en los próximos diez años [2]. No se trata de una condena, sino de una herramienta que ayuda a los médicos y a los pacientes a tomar decisiones informadas sobre prevención y tratamiento.

Las enfermedades cardiovasculares tienen un origen multifactorial. Esto significa que no hay una sola causa, sino que varios factores actúan en conjunto para aumentar o reducir ese riesgo [2]. Por eso, evaluarlo de manera integral, considerando todos los elementos al mismo tiempo, es mucho más útil que analizar cada factor por separado.

Factores de riesgo que no podemos cambiar

Existen ciertos factores sobre los cuales no tenemos control. Conocerlos nos ayuda a entender nuestro punto de partida y a prestar más atención a aquellos factores que sí podemos modificar [3].

La edad

Con el paso de los años, el corazón y los vasos sanguíneos van cambiando. Las arterias pueden perder flexibilidad, las paredes del corazón pueden engrosarse y el bombeo de sangre se vuelve menos eficiente. Por todo esto, el riesgo cardiovascular aumenta naturalmente con la edad [4]. La mayor carga de enfermedad cardiovascular ocurre en personas de mediana y avanzada edad, aunque los hábitos poco saludables pueden acelerar este proceso incluso en personas jóvenes.

El sexo biológico

En términos generales, los hombres tienen mayor riesgo cardiovascular que las mujeres en edades tempranas. Esto se relaciona con el efecto protector que tienen los estrógenos (las hormonas femeninas) sobre el sistema cardiovascular durante la etapa reproductiva. Sin embargo, esta protección disminuye después de la menopausia, momento en que el riesgo de las mujeres se incrementa progresivamente. Las mujeres que experimentan una menopausia prematura, es decir, antes de los 45 años, presentan un riesgo cardiovascular mayor que sus pares de la misma edad [4].

Los antecedentes familiares

La historia familiar es un factor de riesgo no modificable de gran peso. Si un familiar de primer grado como padre, madre, hermano o hermana ha sufrido un infarto antes de los 55 años (en hombres) o antes de los 65 años (en mujeres), el riesgo propio se incrementa significativamente. De hecho, tener padre y madre con problemas cardiovasculares antes de los 55 años puede elevar el riesgo propio hasta en un 50% [5]. Condiciones como la hipertensión arterial, el colesterol elevado y la diabetes también tienen un componente hereditario importante [5].

Factores de riesgo que sí podemos cambiar

Los factores modificables son los más relevantes desde el punto de vista preventivo, porque sobre ellos sí podemos actuar. El estudio PURE, que es una gran investigación que siguió a más de 24.000 personas en Argentina, Brasil, Chile y Colombia durante más de diez años, identificó que la hipertensión, la obesidad abdominal y el consumo de tabaco, en conjunto, representan casi el 50% de los factores de riesgo para enfermedad cardiovascular en la región [6].

Hipertensión arterial: el principal factor modificable

La presión arterial alta, conocida como hipertensión, es el factor de riesgo cardiovascular modificable más importante. En la región de las Américas, la hipertensión afecta al 35,4% de la población entre 30 y 70 años, y en algunos países ese porcentaje puede alcanzar el 48% [1]. El problema es que muchas personas no saben que la tienen, porque con frecuencia no produce síntomas.

La presión arterial se mide en milímetros de mercurio (mmHg) y se expresa con dos números: el primero indica la presión cuando el corazón late (sistólica) y el segundo cuando está en reposo (diastólica). Se considera hipertensión cuando estos valores se mantienen en 140/90 mmHg o más de forma sostenida. Cuando la presión alta se combina con otros factores como el tabaco, la obesidad o la diabetes, el riesgo se multiplica [1].

Colesterol elevado y dislipidemia

El colesterol es una grasa necesaria para el cuerpo, pero cuando sus niveles están elevados, especialmente el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”, puede depositarse en las paredes de las arterias y formar placas que las estrechan y endurecen. Este proceso se llama aterosclerosis y es la base de la mayoría de los ataques al corazón e infartos cerebrales. Niveles altos de colesterol pueden llegar a duplicar el riesgo de sufrir un infarto cardíaco [4].

El estudio Interheart, que incluyó múltiples países de América Latina, identificó que los niveles inadecuados de lípidos (grasas en sangre) son uno de los principales factores de riesgo poblacional para infarto de miocardio en la región, siendo el tercer factor más importante en este grupo [7]. El colesterol HDL, llamado también “colesterol bueno”, actúa de manera protectora, por lo que niveles bajos de HDL también representan un riesgo adicional [3].

Tabaquismo

El consumo de tabaco es la causa de muerte evitable más importante a nivel mundial y uno de los factores de riesgo cardiovascular más potentes. En América del Sur, el tabaquismo representa el segundo factor de riesgo más relacionado con la mortalidad, con una fracción atribuible del 14,4% de las muertes en la región [6]. Fumar daña las paredes internas de las arterias, reduce el oxígeno disponible para el corazón, eleva la presión arterial y favorece la formación de coágulos.

No existe un nivel seguro de consumo de tabaco. Incluso fumar pocas cantidades por día aumenta el riesgo. Quienes dejan de fumar pueden reducir sustancialmente su riesgo cardiovascular en pocos años [6].

Diabetes mellitus

La diabetes —una enfermedad en la que el cuerpo no regula bien el azúcar en sangre— tiene un impacto profundo sobre el corazón y los vasos sanguíneos. En personas con diabetes, el riesgo de sufrir un evento cardiovascular puede ser entre dos y cuatro veces mayor que en personas sin diabetes [8]. Esto ocurre porque el exceso de glucosa en sangre daña lentamente los vasos sanguíneos y fomenta la inflamación y la aterosclerosis.

Además, quienes tienen diabetes suelen presentar otros factores de riesgo asociados, como presión arterial alta, colesterol alterado y obesidad, lo que eleva aún más el riesgo total. En América del Sur, la prevalencia de diabetes alcanza el 9,4% de la población adulta, con una tendencia al aumento en las últimas décadas [6].

Obesidad y sedentarismo

El sobrepeso y la obesidad, especialmente la grasa acumulada en el abdomen, conocida como obesidad abdominal o visceral, están fuertemente asociados con el riesgo cardiovascular. Esta grasa abdominal libera sustancias inflamatorias que afectan al corazón, eleva la presión arterial y altera los niveles de colesterol. En América Latina, las tasas de sobrepeso y obesidad se han triplicado en los últimos cincuenta años, y hoy afectan al 62,5% de la población de la región [1].

La inactividad física amplifica estos efectos. Un estilo de vida sedentario favorece la acumulación de grasa, eleva la presión arterial y empeora el control del azúcar y el colesterol. Por el contrario, realizar actividad física de manera regular (al menos 150 minutos semanales de intensidad moderada) tiene un efecto protector demostrado sobre la salud cardiovascular [3].

Alimentación poco saludable

Una dieta rica en sal, grasas saturadas, azúcares y alimentos ultraprocesados contribuye directamente al desarrollo de hipertensión, colesterol elevado, diabetes y obesidad. En América Latina, la transición hacia patrones alimentarios más industrializados ha sido uno de los impulsores del aumento de las enfermedades cardiovasculares [7]. El consumo insuficiente de frutas, verduras y fibra también juega un papel en este riesgo.

Poblaciones con mayor riesgo cardiovascular

Personas con diabetes

Las personas con diabetes requieren una evaluación cardiovascular especialmente rigurosa. Las guías internacionales recomiendan un enfoque multifactorial que contemple simultáneamente el control del azúcar, la presión arterial y el colesterol, dado que la combinación de estos factores puede multiplicar el riesgo de manera exponencial [8]. En quienes tienen diabetes y presentan lesiones en órganos como los riñones, evidenciadas por niveles bajos de filtración o proteína en orina, el riesgo cardiovascular se clasifica automáticamente como alto o muy alto.

Personas con enfermedad renal crónica

La enfermedad renal crónica (cuando los riñones no funcionan correctamente de forma sostenida) en sí misma aumenta el riesgo cardiovascular. Quienes la presentan son considerados de riesgo alto o muy alto, independientemente de otros factores [9]. Esto se debe a que el riñón dañado contribuye a la elevación de la presión arterial, a la acumulación de líquidos y a alteraciones en los minerales que afectan el corazón.

Mujeres en la menopausia

Como se mencionó, la pérdida del efecto protector de los estrógenos tras la menopausia hace que el riesgo cardiovascular de las mujeres se equipare y pueda superar al de los hombres en los años siguientes. Las mujeres con menopausia prematura o con condiciones como el síndrome de ovario poliquístico también presentan mayor vulnerabilidad [4]. Es importante que estas condiciones sean tenidas en cuenta en la evaluación médica.

Personas con múltiples factores combinados

El efecto de los factores de riesgo no es simplemente aditivo: se multiplica. Según datos del estudio Interheart para América Latina, una persona que fuma y además tiene diabetes o hipertensión puede tener un riesgo 13 veces mayor de sufrir un evento coronario; si además tiene colesterol alto, ese riesgo puede escalar a 42 veces; y si se suma obesidad, llega a 65 veces [7]. Por eso, la evaluación integral es fundamental.

¿Cómo se evalúa el riesgo cardiovascular?

Los médicos utilizan herramientas validadas para calcular el riesgo cardiovascular de cada persona y así orientar las decisiones de prevención y tratamiento. Estas herramientas consideran varios factores al mismo tiempo y estiman la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular en los próximos diez años [10].

Herramientas de evaluación disponibles

Una de las escalas más utilizadas históricamente es la de Framingham, que considera variables como la edad, el sexo, la presión arterial, el colesterol total y el HDL, el tabaquismo y la diabetes [10]. Para América Latina, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) desarrolló una calculadora de riesgo cardiovascular específica, basada en tablas de la OMS adaptadas a las particularidades de nuestra región. Esta herramienta permite estimar el riesgo en diez años de sufrir un infarto, accidente cerebrovascular o muerte de causa cardiovascular, y está disponible de manera gratuita para profesionales y pacientes [11].

Más recientemente, el modelo Score 2desarrollado por la Sociedad Europea de Cardiología, evalúa el riesgo tanto de eventos fatales como no fatales, y puede aplicarse por extrapolación en países de América Latina según su nivel de riesgo regional [9]. En Colombia, por ejemplo, se ha validado el uso de la escala Ascvd Risk Score y las tablas de Framingham adaptadas. En México se utiliza la escala de Framingham, y también existe la escala Globorisk-LAC, diseñada específicamente con cohortes latinoamericanas [9].

¿Con qué frecuencia se debe evaluar?

Las principales guías internacionales recomiendan realizar una primera evaluación del riesgo cardiovascular a partir de los 40 años en hombres y los 50 años en mujeres (o antes si hay menopausia). Luego, si el riesgo es bajo, puede repetirse cada cinco años; con mayor frecuencia si el riesgo es intermedio o si aparece algún nuevo factor de riesgo [3]. Lo importante es no esperar a tener síntomas para consultar al médico.

¿Qué podemos hacer para reducir el riesgo cardiovascular?

La buena noticia es que la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular son modificables. Pequeños cambios en el estilo de vida, sostenidos en el tiempo, pueden marcar una diferencia importante en la salud del corazón:

Mantener una alimentación equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y baja en sal, grasas saturadas y azúcares, es uno de los pilares fundamentales.

Realizar actividad física de manera regular, aunque sea caminar rápido 30 minutos al día, cinco veces por semana, también tiene un impacto significativo. Por otro lado, dejar de fumar es, probablemente, la medida aislada más efectiva para reducir el riesgo cardiovascular en quienes fuman.

Controlar el peso corporal, especialmente la grasa abdominal, y manejar el estrés de manera saludable completan un conjunto de hábitos protectores. El control médico periódico para monitorear la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre permite detectar alteraciones a tiempo, cuando aún es posible tratarlas antes de que generen daño.

En personas con riesgo alto o muy alto, el médico puede recomendar además tratamiento farmacológico, como medicamentos para controlar la presión, el colesterol o el azúcar, que se complementa, pero no reemplaza, a los cambios en el estilo de vida [9].

¿Se puede evitar el riesgo cardiovascular?

El riesgo cardiovascular no es un destino inevitable. Es el resultado de múltiples factores (algunos que no podemos cambiar y otros sobre los que sí tenemos control) que interactúan entre sí. En América Latina, la carga de enfermedades cardiovasculares sigue siendo muy alta, pero gran parte de ella es prevenible. Conocer los propios factores de riesgo, evaluarlos con regularidad y tomar medidas concretas para reducirlos es la mejor inversión en salud que podemos hacer.

Si tienes dudas sobre tu riesgo cardiovascular, si presentas alguno de los factores mencionados en este artículo, o si simplemente quieres cuidar mejor tu salud, el primer paso es consultar con un profesional de salud. Él o ella podrá realizar una evaluación completa y personalizada, y orientarte en las mejores estrategias de prevención para ti.

Referencias

  1. Organización Panamericana de la Salud. Hipertensión [Internet]. Washington D.C.: OPS; 2025 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/hipertension
  2. Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud. Prevención de las enfermedades cardiovasculares: Directrices para la evaluación y el manejo del riesgo cardiovascular [Internet]. Washington D.C.: OPS; 2007 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/sites/default/files/2023-10/directrices-evaluacion-manejo-riesgo-cv-oms.pdf
  3. Visseren FLJ, Mach F, Smulders YM, et al. Guía ESC 2021 sobre la prevención de la enfermedad cardiovascular en la práctica clínica [Internet]. Rev Esp Cardiol. 2022 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.revespcardiol.org/es-guia-esc-2021-sobre-prevencion-articulo-S0300893221004620
  4. Texas Heart Institute. Factores de riesgo cardiovascular [Internet]. Houston: Texas Heart Institute; 2019 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.texasheart.org/heart-health/heart-information-center/topics/factores-de-riesgo-cardiovascular/
  5. Fundación Española del Corazón. Antecedentes familiares [Internet]. Madrid: FEC; 2024 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://fundaciondelcorazon.com/prevencion/marcadores-de-riesgo/antecedentes-familiares-historial.html
  6. Lopez-Jaramillo P, López-López J.Factores de riesgo y muerte cardiovascular en América del Sur [Internet]. Clin Investig Arterioscler. 2023  [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-clinica-e-investigacion-arteriosclerosis-15-articulo-factores-riesgo-muerte-cardiovascular-america-S0214916822001358
  7. Medwave. Factores de riesgo cardiovascular en América Latina: estudio INTERHEART [Internet]. Santiago: Medwave; 2001 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.medwave.cl/2001-2011/1785.html
  8. Ávila Lachica L; Gómez García M. Actualización en factores de riesgo cardiovascular y diabetes mellitus. Diabetes Práctica [Internet]. 2024 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.diabetespractica.com/files/122/art1.pdf
  9. Medicina Interna Basada en la Evidencia. Prevención de las enfermedades cardiovasculares [Internet]. 2024 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://ebm.one/es/chapter/b34.ii.2.3.-prevencion-de-las-enfermedades-cardiovasculares
  10. Tamayo E; Sánchez J; Estévez R. Evaluación del riesgo cardiovascular mediante la aplicación de la tabla de Framingham [Internet]. Revista Cubana de Cardiología. 2017;23(1) [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-03192017000100017
  11. Organización Panamericana de la Salud. Calculadora de riesgo cardiovascular [Internet]. Washington D.C.: OPS; 2024 [Consultado el 19 de marzo de 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/hearts-americas/calculadora-riesgo-cardiovascular

Autor

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Material revisado por equipo multidisciplinario de profesionales de la salud, conformado por Médico Internista, Hematólogo, Anestesiólogo y Farmacéuticos.
Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

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