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Dolor menstrual en la mujer trabajadora: un problema de salud con impacto en la productividad.

dolor menstrual en la mujer trabajadora

Cada mes, millones de mujeres en todo el mundo enfrentan uno de los desafíos de salud más frecuentes y menos reconocidos en el entorno laboral: el dolor menstrual. Esta condición, conocida médicamente como dismenorrea, no se limita a ser una molestia pasajera. Para muchas mujeres, representa horas de trabajo perdidas, días de bajo rendimiento, y una carga silenciosa que se lleva en solitario por temor al juicio o a la incomprensión de sus entornos laborales.

La dismenorrea afecta aproximadamente el 70% de las mujeres en edad reproductiva, con una frecuencia significativa de presentaciones moderadas a severas que dificultan el desempeño diario. [1]. Sin embargo, a pesar de su alta prevalencia, sigue siendo subestimada, subdiagnosticada y, en la mayoría de los casos, sin tratamiento adecuado.

En este artículo abordaremos el impacto del dolor menstrual en la mujer trabajadora, y qué estrategias (tanto individuales como institucionales) pueden mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.

¿Qué es la dismenorrea y por qué ocurre?

La dismenorrea es el término médico para referirse al dolor pélvico que ocurre durante la menstruación. El dolor suele ubicarse en la parte baja del abdomen y puede irradiarse hacia la espalda baja o las piernas. Generalmente comienza unas horas antes o al inicio del sangrado menstrual, alcanza su punto más intenso alrededor de las primeras 24 horas y cede progresivamente en dos o tres días. Además del dolor, muchas mujeres experimentan náuseas, vómitos, diarrea, fatiga, dolor de cabeza y necesidad frecuente de orinar. [2]

Existen dos tipos principales de dolor menstrual: la dismenorrea primaria, que no está causada por ninguna enfermedad subyacente. En este caso, el dolor es propio de la fisiología del ciclo menstrual: Durante la menstruación, el útero libera unas sustancias llamadas prostaglandinas, que provocan contracciones uterinas para expulsar el tejido del endometrio, cuando estas contracciones son muy intensas o los niveles de prostaglandinas son especialmente altos, el flujo sanguíneo al útero se reduce temporalmente y aparece el dolor. Suele comenzar en la adolescencia y puede disminuir con la edad o tras un embarazo (2).

La dismenorrea secundaria, en cambio, es consecuencia de condiciones médicas específicas como por ejemplo la endometriosis, la adenomiosis, los miomas uterinos o la estenosis cervical, y generalmente se presenta en mujeres adultas. [2]

¿Cuán frecuente es la dismenorrea? Datos epidemiológicos

La dismenorrea es una de las condiciones ginecológicas más comunes a nivel mundial. Revisiones sistemáticas reportan una prevalencia que oscila aproximadamente en el70% de las mujeres en edad reproductiva [1]. Entre los factores de riesgo más relevantes se encuentran la edad joven, la menarca temprana (inicio de la menstruación antes de los 12 años), los períodos menstruales prolongados o con sangrado abundante, no haber tenido embarazos, el antecedente familiar de dismenorrea, y niveles elevados de estrés o ansiedad. El tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol también se han asociado con mayor severidad del dolor. [3]

Un estudio publicado en Human Reproduction Update señala que la dismenorrea primaria es la causa más frecuente de ausentismo escolar y laboral entre mujeres jóvenes a nivel global, y que muchas la perciben como inevitable y no buscan atención médica. Esta normalización del dolor menstrual es uno de los mayores obstáculos para su manejo oportuno. Es importante reconocer que el dolor severo no es normal ni tiene que ser tolerado en silencio: existe evidencia sólida de que puede y debe tratarse. [4]

El impacto real en la mujer trabajadora

El efecto de la dismenorrea sobre el rendimiento laboral es más profundo de lo que muchas organizaciones reconocen. Un estudio transversal realizado con 548 mujeres trabajadoras en Egipto encontró una prevalencia de dismenorrea del 66,1 %, con el 64,7 % de las afectadas reportando dolor de intensidad moderada a severa. Las tasas de ausentismo (faltar al trabajo) alcanzaron el 39,5 %, las de presentismo (ir al trabajo, pero con rendimiento reducido por el dolor) llegaron al 96,1 %, el deterioro global del trabajo fue del 96,4 %, y el impacto en las actividades diarias del 94,2 %. Todos estos indicadores fueron significativamente mayores en las mujeres con dismenorrea en comparación con quienes no la padecían, y empeoraron proporcionalmente con la severidad del dolor. [1]

Una encuesta nacional realizada en los Países Bajos con más de 32.700 mujeres de entre 15 y 45 años cuantificó esta realidad de forma contundente. El 80,7 % de las participantes reportó presentismo, con una reducción promedio de productividad del 33 % durante los días de menstruación, equivalente a 8,9 días laborables perdidos al año solo por esta causa. Además, el 67,7 % manifestó desear mayor flexibilidad en sus tareas y horarios durante el período menstrual. Un dato revelador fue que cuando las mujeres faltaban al trabajo por causas menstruales, solo el 20,1 % lo comunicaba abiertamente a su empleador o institución educativa, lo que evidencia el estigma que aún rodea a este tema. [5]

¿Qué factores laborales agravan el dolor menstrual?

El entorno de trabajo puede ser un factor que amplifica el impacto de la dismenorrea. El estudio de Serya y colaboradores identificó que trabajar horas extra o tener más de un empleo, así como experimentar altos niveles de estrés laboral, fueron predictores independientes de dismenorrea entre las trabajadoras evaluadas. Esto sugiere que las condiciones de trabajo no son un elemento neutral: el estrés crónico, la sobrecarga de tareas y la falta de descanso pueden exacerbar tanto la percepción del dolor como su impacto funcional. [1]

Investigaciones en el campo de la salud ocupacional han demostrado que la presión de tiempo, la acumulación de tareas y determinados estilos de liderazgo pueden llevar a los trabajadores a asistir al trabajo a pesar de encontrarse en condiciones que dificultan su rendimiento. En el caso de las mujeres con dismenorrea, esta presión se suma al estigma social, generando un escenario en el que muchas prefieren soportar el dolor en silencio antes que comunicarlo y arriesgarse a ser juzgadas. [6]

¿Cuándo consultar a un médico?

Cualquier dolor menstrual que interfiera con las actividades diarias, incluido el trabajo, merece evaluación médica. La consulta es especialmente urgente cuando el dolor es muy intenso, no responde a analgésicos de venta libre, ha empeorado progresivamente con los años, o se acompaña de sangrado abundante, fiebre, flujo anormal, o dolor fuera del período menstrual. Estos síntomas pueden indicar una causa subyacente como endometriosis o miomas que requieren diagnóstico y tratamiento específicos. El médico realizará una historia clínica detallada, examen físico y, según el caso, estudios como ecografía pélvica para descartar causas secundarias. [2]

Tratamiento: ¿qué dice la evidencia?

El manejo de la dismenorrea incluye opciones no farmacológicas y farmacológicas, y en muchos casos la combinación de ambas ofrece los mejores resultados.

Intervenciones de autocuidado y estilo de vida

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en BMC Complementary and Alternative Medicine evaluó la eficacia de intervenciones de autocuidado y cambios de estilo de vida en la dismenorrea primaria. Las intervenciones con mayor respaldo incluyeron el ejercicio físico regular (especialmente aeróbico), la aplicación de calor local en el abdomen, técnicas de relajación y manejo del estrés, y ajustes en la alimentación. El ejercicio moderado realizado de manera habitual demostró reducir significativamente la intensidad del dolor menstrual, posiblemente al mejorar la circulación pélvica y liberar endorfinas. La aplicación de calor mediante una bolsa de agua caliente o una almohadilla térmica sobre la zona pélvica mostró resultados similares a algunos analgésicos en el alivio del dolor agudo. [8]

Tratamiento farmacológico

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno o el naproxeno, son la primera línea de tratamiento para la dismenorrea primaria. Actúan bloqueando la producción de prostaglandinas, la principal causa del dolor. Para ser más efectivos, se recomienda comenzar a tomarlos uno o dos días antes del inicio esperado de la menstruación, o al primer signo de sangrado, y mantenerlos regularmente las primeras 48 a 72 horas. Los anticonceptivos hormonales, en sus distintas formas (píldoras, parches, inyecciones, dispositivos intrauterinos hormonales), también son una opción efectiva al reducir el grosor del endometrio y la producción de prostaglandinas. Siempre deben utilizarse bajo prescripción y supervisión médica. [2]

Consideraciones en poblaciones especiales

Las mujeres con condiciones crónicas como diabetes, enfermedad cardiovascular, o enfermedad hepática deben tener especial precaución con el uso de AINEs, ya que, estos pueden afectar la función renal y cardiovascular, o interactuar con otros medicamentos. En estos casos, el manejo debe ser personalizado y supervisado por un especialista. Las adolescentes trabajadoras o estudiantes constituyen una población particularmente vulnerable, dado que tienen mayor probabilidad de reportar ausentismo por dolor menstrual y, a su vez, menor probabilidad de comunicarlo abiertamente. Los datos del estudio neerlandés mostraron que las mujeres menores de 21 años tenían 3,3 veces más probabilidades de ausentarse por síntomas menstruales en comparación con las de mayor edad. [5]

Durante el embarazo, la dismenorrea cesa naturalmente. Sin embargo, algunas mujeres experimentan el retorno del dolor menstrual después del parto, especialmente si tienen condiciones subyacentes como endometriosis. El período posparto también puede ser una oportunidad para reevaluar el tratamiento que contribuya al control del dolor. En mujeres en perimenopausia, la dismenorrea secundaria puede manifestarse de forma diferente, por lo que siempre es importante descartar causas orgánicas ante cualquier cambio en el patrón del dolor. [2]

Dolor físico con impacto laboral

El dolor menstrual en la mujer trabajadora es un problema de salud real, frecuente y con consecuencias medibles sobre la productividad y el bienestar. La dismenorrea afecta a una proporción muy significativa de mujeres en edad reproductiva, y su impacto va mucho más allá de los días de ausencia laboral: el presentismo (trabajar con dolor y rendimiento reducido) representa la carga oculta más importante. La evidencia científica disponible muestra que este problema tiene solución: existen tratamientos no farmacológicos y farmacológicos efectivos, y los entornos laborales pueden y deben adaptarse para apoyar a sus trabajadoras.

La clave está en romper el silencio. Normalizar el dolor menstrual como algo inevitable es un error con consecuencias reales para la salud y el desarrollo profesional de las mujeres. Consultar a un médico ante dolor que interfiere con la vida diaria, adoptar medidas preventivas y de autocuidado basadas en evidencia, y trabajar en la construcción de entornos laborales más inclusivos y saludables son pasos fundamentales. La menstruación es un proceso natural y no debería ser un obstáculo para la plena participación laboral de las mujeres.

Políticas laborales y menstruación: un debate global

En los últimos años, el debate sobre cómo los espacios de trabajo pueden apoyar mejor a las mujeres con trastornos menstruales ha ganado visibilidad global. Una revisión crítica publicada en la revista Healthcare analizó políticas, guías y prácticas en diferentes países para apoyar a las mujeres con trastornos menstruales y menopausia en el trabajo. Sus hallazgos revelan que existe una brecha importante entre la evidencia científica disponible y las políticas laborales implementadas: pocas organizaciones cuentan con protocolos claros para apoyar a sus empleadas durante el período menstrual. [9]

España se convirtió en 2022 en el primer país de la Unión Europea en legislar la licencia menstrual, permitiendo a las mujeres tomar días de descanso remunerados cuando el dolor menstrual es incapacitante. Esta medida generó un amplio debate sobre el equilibrio entre el reconocimiento de una condición de salud real y los posibles efectos en la contratación de mujeres. Más allá de las licencias formales, los expertos coinciden en que medidas como la flexibilización de horarios, la posibilidad de teletrabajo en días de dolor severo, y la habilitación de espacios de descanso con opciones de alivio del dolor son pasos concretos y alcanzables para la mayoría de las organizaciones. [1, 10]

Referencias

  1. Serya H, El-Kurdy R, Serria E, El-Gilany AH. Dysmenorrhea among working women and its effect on their work productivity and activity impairment [Internet]. J Egypt Public Health Assoc; 2025 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12500489/
  2. Pinkerton JV. Menstrual Cramps (Dysmenorrhea; Painful Periods) [Internet]. MSD Manual Consumer Version; 2025 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.msdmanuals.com/home/women-s-health-issues/menstrual-disorders-and-abnormal-uterine-bleeding/menstrual-cramps
  3. Ju H, Jones M, Mishra G. The prevalence and risk factors of dysmenorrhea [Internet]. Epidemiol Rev; 2014 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24284871/
  4. Iacovides S, Avidon I, Baker FC. What we know about primary dysmenorrhea today: a critical review [Internet]. Hum Reprod Update; 2015 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26346058/
  5. Schoep ME, Adang EMM, Maas JWM, De Bie B, Aarts JWM, Nieboer TE. Productivity loss due to menstruation-related symptoms: a nationwide cross-sectional survey among 32 748 women [Internet]. BMJ Open; 2019 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6597634/
  6. Dietz C, Zacher H, Scheel T. Leadership and Presenteeism among Scientific Staff: The Role of Accumulation of Work and Time Pressure [Internet]. Front Psychol; 2017 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5662894/
  7. Nguyen AM, Humphrey L, Kitchen H, Rehman T, Norquist JM. A qualitative study to develop a patient-reported outcome for dysmenorrhea [Internet]. Qual Life Res; 2015 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25048731/
  8. Armour M, Smith CA, Steel KA, Macmillan F. The effectiveness of self-care and lifestyle interventions in primary dysmenorrhea: a systematic review and meta-analysis [Internet]. BMC Complement Altern Med; 2019 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30654775/
  9. Howe, D., Duffy, S., O’Shea, M., Hawkey, A., Wardle, J., Gerontakos, S., Steele, L., Gilbert, E., Owen, L., Ciccia, D., Cox, E., Redmond, R., & Armour, M. Policies, Guidelines, and Practices Supporting Women’s Menstruation, Menstrual Disorders and Menopause at Work: A Critical Global Scoping Review [Internet]. Healthcare; 2023 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.mdpi.com/2227-9032/11/22/2945
  10. Jones S. Spain to ease abortion limits for over-16s and allow menstrual leave [Internet]. The Guardian; 2022 [Consultado el 23 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.theguardian.com/world/2022/may/12/spain-to-ease-abortion-limits-for-over-16s-and-allow-menstrual-leave

Autor

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Material revisado por equipo multidisciplinario de profesionales de la salud, conformado por Médico Internista, Hematólogo, Anestesiólogo y Farmacéuticos.
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