Los riesgos de trombosis y Accidentes Cerebro Vasculares (ACV) preocupan cada vez más a los sistemas de salud, ya que ambas condiciones están estrechamente relacionadas y pueden aparecer sin previo aviso. Aunque suenan a temas complejos, entender cómo se forman los coágulos de sangre y qué los favorece puede ayudar a tomar medidas concretas para reducir el riesgo. En este artículo repasamos qué son, cuáles son sus principales causas, quiénes tienen mayor probabilidad de sufrirlos y qué se puede hacer para prevenirlos.
Tabla de contenidos
- 1 ¿Qué es la trombosis y cómo se relaciona con el ACV?
- 2 Trombosis arterial y venosa: dos caras de un mismo problema
- 3 Tipos de ACV: isquémico y hemorrágico
- 4 Riesgos de trombosis y ACV: ¿quiénes tienen mayor probabilidad?
- 5 ¿Cuáles son los síntomas de un ACV?
- 6 Trombosis venosa profunda: una amenaza silenciosa en las piernas
- 7 Señales de alerta de una trombosis venosa profunda
- 8 La fibrilación auricular, un factor de riesgo que muchas veces pasa desapercibido
- 9 Poblaciones que requieren una atención especial
- 10 La carga del ACV y la trombosis en América Latina
- 11 La prevención del accidente cerebrovascular y la trombosis empieza en el día a día
- 12 Consejos prácticos para cuidar la circulación en el día a día
- 13 Referencias
- 14 Autor
¿Qué es la trombosis y cómo se relaciona con el ACV?
La trombosis ocurre cuando se forma un coágulo de sangre, también llamado trombo, dentro de un vaso sanguíneo. Ese coágulo puede quedarse en el mismo lugar donde se formó o desprenderse y viajar por el torrente sanguíneo hasta otra parte del cuerpo, lo que se conoce como embolia (1).
Cuando un coágulo bloquea el flujo de sangre hacia el cerebro, ya sea porque se formó localmente o porque viajó desde otro lugar del cuerpo, puede producirse un accidente cerebrovascular, también llamado ictus. Casi el 90 % de los ACV ocurren por esta obstrucción de los vasos sanguíneos, mientras que el resto se debe a un sangrado repentino dentro del cerebro (2).
Trombosis arterial y venosa: dos caras de un mismo problema
No todos los coágulos sanguíneos se forman de la misma manera ni en el mismo tipo de vaso. La trombosis arterial ocurre dentro de las arterias, generalmente sobre una placa de grasa y colesterol que se ha acumulado en sus paredes, un proceso conocido como aterosclerosis. Cuando este tipo de coágulo se forma o llega hasta una arteria del cerebro, puede desencadenar un ACV isquémico (3).
La trombosis venosa, en cambio, se desarrolla dentro de las venas, con frecuencia en las piernas, y suele estar más relacionada con el enlentecimiento del flujo sanguíneo que con la acumulación de placas grasas.
Aunque los mecanismos son distintos, ambos tipos de trombosis comparten varios factores de riesgo, como el tabaquismo, la obesidad, la edad avanzada y el sedentarismo, lo que explica por qué cuidar la salud cardiovascular en general ayuda a prevenir los dos problemas (3).
Tipos de ACV: isquémico y hemorrágico
El ACV isquémico, o infarto cerebral, se produce cuando un coágulo o un fragmento de placa impide que la sangre llegue a una parte del cerebro. Sin oxígeno ni nutrientes, las células cerebrales comienzan a morir en cuestión de minutos, por lo que se lo considera una emergencia médica (2).
El ACV hemorrágico, en cambio, ocurre cuando un vaso sanguíneo del cerebro se rompe y provoca un sangrado. La sangre que se escapa genera presión sobre el tejido cerebral y puede dañarlo. Este tipo representa una proporción menor de los casos, pero suele ser igual de grave (1).
Riesgos de trombosis y ACV: ¿quiénes tienen mayor probabilidad?
Muchos de los factores de riesgo de trombosis y ACV se pueden controlar o tratar. De hecho, se estima que entre el 82 % y el 90 % de todos los ACV están relacionados con factores modificables, como la presión arterial alta, la obesidad, la inactividad física, una dieta poco saludable y el tabaquismo (1).
Otros factores son compartidos por ambos tipos de ACV, como la diabetes y el colesterol alto en sangre. Los coágulos de sangre que provocan un ACV isquémico también pueden originarse por afecciones del corazón, como la fibrilación auricular o la enfermedad de las arterias carótidas, mientras que la hipertensión arterial no controlada puede aumentar el riesgo de sangrado en el caso del ACV hemorrágico (1).
Existen además factores que no se pueden modificar, como la edad, ya que el riesgo aumenta con los años, y los antecedentes familiares de ACV o de trastornos de la coagulación. El estrés elevado, la ansiedad, trabajar muchas horas y tener poco contacto social también se han asociado con un mayor riesgo (1).
¿Cuáles son los síntomas de un ACV?
Reconocer los síntomas a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación completa y secuelas permanentes. Entre las señales de un ACV se encuentran la confusión repentina o la dificultad para hablar o entender, el adormecimiento o la debilidad súbita de un lado del cuerpo, el dolor de cabeza intenso sin causa conocida y los problemas repentinos de visión, equilibrio o coordinación (4).
Una forma sencilla de recordar qué hacer ante estos síntomas es la prueba FAST, por sus siglas en inglés. Consiste en pedirle a la persona que sonría para observar si un lado de la cara está caído, que levante ambos brazos para ver si uno se desvía hacia abajo, y que repita una frase simple para notar si arrastra las palabras. Si se detecta cualquiera de estas señales, es fundamental llamar de inmediato a los servicios de emergencia, ya que cada minuto cuenta (4).
Trombosis venosa profunda: una amenaza silenciosa en las piernas
La trombosis venosa profunda es la formación de un coágulo dentro de una vena profunda del cuerpo, generalmente en la pierna. Entre los factores que reducen el flujo sanguíneo y favorecen su aparición se encuentran la inmovilidad prolongada, como el reposo en cama, los viajes largos en avión o el período posterior a una cirugía. El embarazo, el uso de anticonceptivos con estrógenos, la obesidad y algunas enfermedades, como el cáncer, también incrementan el riesgo (5).
La complicación más temida de la trombosis venosa profunda es la embolia pulmonar, que ocurre cuando el coágulo se desprende y llega hasta los pulmones, donde puede bloquear el flujo de sangre. Esta complicación puede poner en riesgo la vida y requiere atención médica inmediata (5).
Señales de alerta de una trombosis venosa profunda
A diferencia del ACV, la trombosis venosa profunda no siempre da síntomas evidentes, lo que la vuelve especialmente riesgosa. Cuando aparecen, suelen incluir hinchazón, dolor o sensibilidad en la pierna afectada, además de un cambio en la temperatura o el color de la piel de la zona (5).
Si además de estos síntomas aparece dificultad repentina para respirar, dolor en el pecho o tos con sangre, podría tratarse de una embolia pulmonar, y la persona debe recibir atención médica de urgencia sin demora (5).
La fibrilación auricular, un factor de riesgo que muchas veces pasa desapercibido
La fibrilación auricular es una alteración del ritmo cardíaco en la que las aurículas laten de forma desorganizada. Esto puede provocar que la sangre se acumule en el corazón, lo que aumenta el riesgo de que se formen coágulos (4).
Lo llamativo de esta condición es que muchas veces no genera síntomas evidentes, aunque en algunos casos puede provocar fatiga, palpitaciones, dificultad para respirar o mareos. Si no se diagnostica ni se trata a tiempo, la fibrilación auricular puede derivar en complicaciones graves, entre ellas el ACV, por lo que los controles cardiológicos periódicos cobran especial importancia a partir de cierta edad (4).
Poblaciones que requieren una atención especial
Algunas etapas y situaciones de la vida elevan de forma particular el riesgo de trombosis. El embarazo y las semanas posteriores al parto aumentan la probabilidad de formar coágulos, y la presión arterial alta durante el embarazo, como ocurre en la preeclampsia, también incrementa el riesgo de ACV más adelante en la vida (1). Las personas que se someten a una cirugía, en especial las de cadera o rodilla, o que deben permanecer inmovilizadas por un período prolongado, también forman parte de este grupo (5).
Las personas con cáncer activo o en tratamiento oncológico tienen un riesgo más alto de trombosis, al igual que quienes tienen antecedentes familiares de trastornos hereditarios de la coagulación. En todos estos casos, conversar con un profesional de la salud sobre medidas de prevención específicas es fundamental (5).
El uso de terapias hormonales también merece atención. Las mujeres que toman píldoras anticonceptivas o utilizan terapia de reemplazo hormonal tienen un riesgo mayor de sufrir un ACV, y este riesgo puede sumarse al de otras condiciones, como el tabaquismo o la obesidad (1).
La carga del ACV y la trombosis en América Latina
Las enfermedades cardiovasculares, entre ellas la cardiopatía isquémica y el ACV, son una de las principales causas de mortalidad y discapacidad en la Región de las Américas. En 2019, cerca de 2 millones de personas murieron a causa de estas enfermedades, y el ACV representó una tasa de 32,3 muertes por cada 100.000 habitantes, ajustada por edad (7).
Ese mismo año, las enfermedades cardiovasculares generaron 40,8 millones de años de vida ajustados por discapacidad en la región, de los cuales una parte importante correspondió a personas que sobrevivieron a un ACV, pero quedaron con secuelas físicas o cognitivas. Estas cifras confirman que el ACV no solo cobra vidas, sino que también afecta profundamente la calidad de vida de quienes lo sobreviven y de sus familias (7).
La prevención del accidente cerebrovascular y la trombosis empieza en el día a día
La buena noticia es que gran parte de los riesgos asociados al ACV se pueden reducir con cambios de hábitos sostenidos en el tiempo. Mantener la presión arterial bajo control, llevar una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad y evitar el tabaco son las medidas con mayor impacto sobre el riesgo de ACV, ya que en conjunto explican la mayoría de los casos (1).
Para reducir el riesgo de trombosis venosa profunda, especialmente en situaciones de mayor vulnerabilidad, se recomienda moverse con frecuencia durante los viajes largos, levantarse y caminar lo antes posible después de una cirugía, y mantenerse bien hidratado. En algunos casos, el profesional de la salud puede indicar medias de compresión elástica o medicación preventiva antes de una cirugía o un período de inmovilidad prolongada (3).
Consejos prácticos para cuidar la circulación en el día a día
Incorporar pequeños cambios en la rutina diaria puede marcar una diferencia real en la salud circulatoria a largo plazo. Caminar con regularidad, subir escaleras en lugar de usar el ascensor y evitar pasar muchas horas seguidas sentado son hábitos sencillos que favorecen una buena circulación en las piernas (5).
Cuidar la alimentación también ayuda a mantener bajo control la presión arterial, el colesterol y el peso corporal, tres factores estrechamente ligados al riesgo cardiovascular. Reducir el consumo de sal, incorporar frutas y verduras a diario, y limitar los alimentos ultraprocesados son medidas que, sostenidas en el tiempo, contribuyen a una mejor salud del corazón y los vasos sanguíneos (7).
Finalmente, respetar los controles médicos periódicos permite detectar a tiempo condiciones como la hipertensión, la diabetes o la fibrilación auricular, que suelen no dar síntomas hasta que ya han generado daño. Un seguimiento médico regular es, junto con los hábitos saludables, una de las herramientas más efectivas para reducir los riesgos de trombosis y ACV a lo largo de la vida (1).
Referencias
- Accidente cerebrovascular: causas y factores de riesgo [Internet]. National Heart, Lung, and Blood Institute. 2023 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/accidente-cerebrovascular/causas
- ¿Qué es un accidente cerebrovascular? [Internet]. National Heart, Lung, and Blood Institute. 2023 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/accidente-cerebrovascular
- Killeen RB, Fernandez R. Thrombosis [Internet]. StatPearls Publishing; 2024 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK538430/
- Fibrilación auricular [Internet]. National Heart, Lung, and Blood Institute. 2022 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/fibrilacion-auricular
- Waheed SM, Kudaravalli P, Hotwagner DT. Deep Venous Thrombosis [Internet]. StatPearls Publishing; 2023 [consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK507708/
- Accidente cerebrovascular: síntomas [Internet]. National Heart, Lung, and Blood Institute. 2023 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/accidente-cerebrovascular/sintomas
- La carga de las enfermedades cardiovasculares en la Región de las Américas, 2000-2019 [Internet]. Organización Panamericana de la Salud. Washington, D.C 2021 [Consultado el 20 de septiembre de 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/enlace/carga-enfermedades-cardiovasculares



