La artritis es un padecimiento que afecta a personas de cualquier edad, comenzando por niños hasta adultos mayores, reduciendo su calidad de vida.
Los síntomas más comunes inician con dolor articular al levantarse o justo después de un tiempo de inactividad y suelen mejorar con el movimiento.
Por ello, aprender a reconocer la artritis será clave para minimizar el daño a largo plazo y sus manifestaciones.
Tabla de contenidos
¿Qué es la artritis y cuáles son sus causas?
Es la inflamación de las articulaciones del cuerpo, es decir, aquellas estructuras en donde se conectan dos o más huesos, llegando a causar dolor, rigidez y dificultad para moverse.
Entre las causas más comunes de inflamación articular se encuentra la artrosis, es una enfermedad degenerativa caracterizada por el desgaste del cartílago, lo cual favorece el roce de las superficies articulares durante el movimiento, lo que provoca inflamación.
Otra de las causas comunes es la enfermedad autoinmune, donde el sistema inmunológico ataca por error los tejidos sanos de las articulaciones, causando inflamación y dolor.
Las infecciones también pueden causar artritis de forma directa, algo conocido como artritis séptica, originada por virus, bacterias u hongos que pueden proliferar en las articulaciones, produciendo inflamación y dolor.
Las lesiones en los tendones, tales como esguinces o fracturas, también predisponen a las personas a padecer artritis con el paso de los años.
Igualmente, la obesidad incrementa el trabajo de las articulaciones en caderas y rodillas, agilizando el desgaste de los cartílagos.
¿Cuáles son los tipos más comunes de artritis?
Osteoartritis
Es la forma más frecuente de artritis y afecta a millones de individuos a nivel global. Su principal característica es el desgaste y envejecimiento de las articulaciones, lo que genera mayor fricción entre los huesos, produciendo dolor y limitación funcional.
La degeneración progresiva sucede con la edad o tras lesiones articulares.
Artritis reumatoide
Es una enfermedad en la que el sistema inmune ataca directamente las articulaciones, lo que genera inflamación y dolor. Las articulaciones de manos y pies son los más frecuentemente afectados.
Si no es tratada a tiempo, la artritis reumatoide puede causar deformación articular.
Artritis psoriásica
Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a las articulaciones y puede causar dolor, hinchazón y rigidez, especialmente en personas con psoriasis.
Artritis gotosa
La artritis gotosa, es una forma de artritis inflamatoria causada por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones. Esta acumulación provoca inflamación, dolor intenso y, a menudo, hinchazón en las articulaciones afectadas.
Espondilitis anquilosante
Es otro tipo de artritis crónica que afecta a la columna vertebral. En este caso, causa que las vértebras se unan, lo que resulta en una posición encorvada o poca movilidad del paciente.
Artritis idiopática juvenil
Es una enfermedad autoinmune que causa inflamación crónica de las articulaciones en niños, antes de los 16 años. Se caracteriza por dolor, hinchazón y rigidez articular, y puede afectar el crecimiento y desarrollo del niño, e incluso de otros órganos.
Síntomas de la artritis y cómo se diagnostica
Los síntomas de la artritis dependen de la gravedad y el tipo, pero hay indicadores que permiten detectar su presencia a tiempo.
El dolor de las articulaciones es el síntoma más común, este puede ser intermitente o constante, apareciendo en varias o en una sola articulación. Por su parte, la rigidez para moverse es otro de los indicadores clave para detectar la presencia de artritis.
La hinchazón o inflamación en zonas afectadas también es un signo claro de la enfermedad, esta puede acompañarse de piel caliente al tacto y enrojecimiento.
Hay imposibilidad para realizar ciertos movimientos con las articulaciones afectadas, lo que impide ejecutar actividades de la vida diaria.
Existen personas que pueden experimentar fatiga a nivel general, fiebre o malestar. Además, la artritis genera deformación en las articulaciones o pérdida de sus funciones en casos graves.
Para diagnosticar la artritis es necesario revisar la historia clínica del paciente y efectuar un examen físico preciso. El especialista de la salud comenzará a indagar sobre los síntomas, el tiempo cuándo aparecen y algunos aspectos que contribuyen a mejorarlos o agravarlos.
En el examen físico se determina el estado de las articulaciones para encontrar sensibilidad, hinchazón, limitación del movimiento y aumento de temperatura.
Los análisis de laboratorio también son clave para hacer un diagnóstico certero. Por medio de exámenes de sangre es posible determinar ciertos marcadores de inflamación que el médico, según su criterio, solicita después de examinar a los pacientes. También, existen análisis de sangre enfocados en la búsqueda de anticuerpos relacionados con complicaciones autoinmunes, tales como el factor reumatoide o los anticuerpos antipéptidos citrulinados cíclicos.
El estudio del líquido articular (sinovial) es otra de las herramientas diagnósticas que se pueden aplicar, se obtiene por medio de una artrocentesis y sirve para detectar los factores que desencadenan la inflamación de las articulaciones, muy importante cuando el médico sospecha una infección.
Finalmente tenemos los estudios de imagen como: radiografías, ecografías y resonancias magnéticas que pueden ayudar a evaluar el daño articular y la inflamación.
¿Qué impacto tiene la artritis en la vida diaria?
La artritis puede afectar de varias maneras a las personas que la padecen, tanto físicamente como en su bienestar social y emocional.
Tener movilidad reducida y dolor constante reduce la capacidad para ejecutar ciertas actividades, tales como cocinar, hacer ejercicio o vestirse. Además, impide participar en tareas laborales, sociales o recreativas, obligando al aislamiento.
Son muchas las personas que tienen fatiga constante, algo que no mejora al dormir, reduciendo la concentración y la energía. La limitación a nivel funcional y el dolor punzante causan depresión, frustración y ansiedad. Asimismo, el desconocimiento sobre cuándo mejorarán los síntomas y las consecuencias a futuro ocasionan mayor estrés emocional.
¿A qué edad puede aparecer la artritis?
La artritis es una enfermedad que tiene mayor incidencia con la vejez, pero no significa que no pueda aparecer a cualquier otra edad. Por ejemplo, la artritis idiopática juvenil puede afectar a adolescentes y niños con edades inferiores a los 16 años.
En los adultos jóvenes o con edad media, la artritis reumatoide o psoriásica es la más usual, apareciendo especialmente en personas de 35 a 50 años.
Por su parte, la osteoartritis aparece más por el envejecimiento y suele afectar las articulaciones como caderas, y rodillas tanto de hombres como mujeres, pero se hace más frecuente en el sexo femenino.
¿Qué alimentos evitar si tengo artritis?
Tener una dieta es clave para aliviar las manifestaciones de la artritis, sobre todo cuando hay inflamación. No consumir algunos alimentos permite manejar la inflamación lo que reduce el dolor.
Los alimentos procesados o con alto contenido de azúcares pueden complicar la enfermedad, pues incrementan la inflamación. Por su parte, los aceites vegetales y grasas trans, los cuales están en productos fritos, se deben evitar.
También se debe reducir el consumo de carnes rojas, ya que son altas en ácido araquidónico, lo que genera sustancias pro inflamatorias en el organismo.
La leche entera, mantequilla y queso, contienen alto contenido de grasas saturadas lo que empeora los síntomas de inflamación en las articulaciones.
Es clave destacar que cada organismo se comporta de manera diferente ante las dietas, lo que significa que no todas tendrán la misma respuesta en el paciente.
Lo más recomendable es hacer una lista de los productos que desencadenan dolor e inflamación en las articulaciones y consultarlo con un especialista médico.
Tratamiento para la artritis
Tratar la artritis es complejo y este proceso debe estar adaptado a las características de cada paciente. También es esencial considerar el tipo de artritis, síntomas y algunas condiciones médicas adicionales.
La meta en el tratamiento dependerá de la causa de la artritis, en general es clave reducir el dolor, la inflamación y aumentar la movilidad articular. Cuando la causa es infecciosa, por ejemplo, es crítico el tratamiento específico con antibióticos. En el caso de artritis reumatoide, se emplean fármacos que modulan el sistema inmune.
El uso de analgésicos mejora la inflamación y el dolor, pero su uso es limitado.
La fisioterapia también tiene un papel clave en el tratamiento de la artritis. Se pueden diseñar ejercicios enfocados en fortalecer los músculos de las articulaciones afectadas, aumentando la movilidad y flexibilidad.
Hacer terapia ocupacional permite que los pacientes entiendan cómo hacer ciertas actividades del día a día, de manera que protejan sus articulaciones.
Cuando la inflamación es debida a procesos degenerativos que no responden, se hace necesario el reemplazo de la misma y su sustitución con una prótesis.
En general, la artritis es una enfermedad con distintos síntomas que puede cambiar la vida de quien la padece. Entender qué la origina, detectar síntomas a tiempo y conocer las formas de tratamiento serán esenciales para brindar mayor bienestar emocional y físico.
Referencias bibliográficas
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