Desde el inicio de la pandemia impulsada por COVID-19, se tomaron medidas de control, tales como aislamiento, mayor higiene, equipos de protección individual (EPIs), entre otras. 

La medida de “quedarse en casa”, ha agravado la situación de aislamiento de muchas personas de diferentes edades, sin embargo, son los adultos mayores quienes son más vulnerables, no solo a la infección, sino a la soledad, depresión y estados de ansiedad.

¿Qué es la soledad?

La mayoría coinciden en que la soledad es una emoción desagradable, subjetiva y está basada en la falta de la relación con los demás. Estar solo y sentirse solo no son lo mismo.

La situación de confinamiento ha sido prolongada en el tiempo, añadiéndose el hecho de que muchas personas ya se encontraban distanciadas de sus familiares, ahora lo deben hacer de sus vecinos y amigos también.

Consecuencias de la soledad

No todas las personas reaccionan de la misma forma, pero en general la soledad provoca estados de nerviosismo, angustia, irritabilidad, mal humor, fomenta la marginación social, así como sentimientos de vacío.

Cuando una persona se siente sola, entristece y puede caer en depresión. Una de las consecuencias más temidas por los médicos, en la persona deprimida, además de la depresión en sí, es el debilitamiento del sistema inmune.

Cuando las personas están tristes y deprimidas, son susceptibles a contraer infecciones, la mínima exposición a virus y otros microorganismos puede desencadenar la aparición de enfermedades.

Aumentan también los riesgos de enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión arterial y los infartos.

El aislamiento social aumenta significativamente el riesgo de una persona de morir prematuramente por todas las causas, un riesgo que podría rivalizar con el del tabaquismo, la obesidad y la inactividad física.

¿Quiénes son más propensos a sentir soledad?

Las personas con más tendencia a sentir soledad son: las de mayor edad, de sexo femenino, las que viven solas, las que tienen pocas relaciones sociales o de baja calidad y aquellas con una salud física más deficiente.

Los investigadores han asociado la soledad con un mayor riesgo de demencia

Un estudio publicado recientemente ha encontrado que las personas de mediana edad que se sienten solas de forma persistente parecen tener casi el doble de riesgo de desarrollar demencia o enfermedad de Alzheimer.

El riesgo de demencia fue 91% más alto en aquellas personas que manifestaron sentimientos de soledad, pero que además los mantuvieron por largos períodos de tiempo. Este estudio fue publicado en una prestigiosa revista llamada Alzheimer and Dementia

A las personas estudiadas se les aplicaron dos encuestas con varios años de diferencia, quienes contestaron que se sentían solas en el primer cuestionario, pero no en el siguiente, su riesgo de demencia disminuyó 66%.

Las personas que se sienten solas persistentemente pueden sufrir una falta de estimulación mental que proviene de menos interacciones sociales y menos compromiso con el mundo que las rodea. El cerebro es como los músculos, si no se le ejercita se atrofia.

Otras consecuencias del aislamiento y el confinamiento

Una consecuencia adicional de mantenerse en casa es la falta de ejercicio físico y la baja exposición a la luz solar. La exposición a la luz solar es muy importante para adquirir vitamina D.

La vitamina D, indispensable para aprovechar el calcio en la dieta y para mejorar la salud de los huesos, también contribuye con la buena salud del cerebro. Las personas con deficiencia de vitamina D tienen más desórdenes cognitivos que las personas no deficientes, al punto de que la deficiencia de vitamina D se ha considerado un marcador biológico para el riesgo de algunas enfermedades cerebrales.

¿Qué deben hacer las personas que tienen sentimientos de soledad?

Es importante hablar con alguien sobre estos sentimientos, y no mantenerlos adentro. Se puede conversar sin exponerse al contagio, guardando las medidas de protección e higiene (uso de tapabocas apropiados y adecuadamente, uso de protectores faciales).

Cercanía con los demás: mantener el contacto con amigos y familiares es importante, aunque este sea únicamente virtual.

Participar de actividades colectivas no presenciales, realizar cursos disponibles en red (fijarse metas) y mantenerse ocupado.

Mantener una rutina que incluya ejercicios físicos en casa, adaptados a cada grupo de edad, aprovechar áreas comunes como jardines y terrazas (usando protección) tanto para las actividades físicas como para mejorar la exposición a la luz del sol.

Las mascotas, a veces pueden ser de gran beneficio.