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Imagen de Anastasia Kazakova en Freepik

La obesidad es un trastorno grave de salud que afecta a cientos de personas cada año. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (por sus siglas, OMS), cerca de 650 millones de adultos y 381 millones de jóvenes (niños y adolescentes) padecen está enfermedad.

Muchos factores son fáciles de atribuir a un mayor riesgo de padecer obesidad, por ejemplo: el sedentarismo y la mala alimentación. No obstante, no todas las causas son fáciles de identificar, algunas conllevan un análisis más profundo para determinar otras causas posibles, como los factores genéticos, fisiológicos u hormonales.

¿Cómo el déficit de vitamina D está relacionado con la obesidad?

Como muchas otras hormonas, la vitamina D juega un papel importante en el funcionamiento de nuestro organismo. Un consumo regular de esta vitamina puede ayudarnos a prevenir muchas enfermedades que afectan a los huesos, como la osteoporosis y el raquitismo en los niños, además de fortalecer nuestro sistema inmunológico.

Sin embargo, uno de los temas menos conocido por la población general es la relación que existe entre la deficiencia de vitamina D y la obesidad. Las personas que sufren de obesidad presentan niveles bajos de esta hormona, debido al incremento de la masa corporal producto del aumento de grasa en el cuerpo.

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A mayor masa corporal menor vitamina D biodisponible

Sí somos personas saludables y con un índice de masa corporal (IMC) normal situado dentro del rango de 18.5 a 25, nuestro organismo requerirá una cantidad diaria recomendada de 600 UI (15 μg) de vitamina D para funcionar óptimamente de acuerdo a los datos recogidos por el instituto Linus Pauling.

Ahora, si aumentamos considerablemente de peso hasta tal punto de padecer obesidad (IMC >30) necesitaríamos una mayor ingesta de vitamina para mantener los niveles adecuados, ya que a mayor cantidad de grasa menor biodisponibilidad.

Esto significa que la vitamina D obtenida a través del sol o los alimentos circula en cantidades deficientes, lo que dificulta que pueda ser aprovechada por los diferentes procesos biológicos, como en la homeostasis del calcio y el fósforo.

Curiosamente, la vitamina D es una hormona liposoluble, es decir, se disuelve en contenido graso, aunque ella viaja en la sangre unida a una proteína especial transportadora de vitamina D, tiende a quedarse acumulado en las partes del cuerpo en las que haya grasa acumulada. 

En estos sitios el organismo tiende a transformarla en una sustancia inactiva que luego es eliminada llamada ácido calcitroico.

Un déficit de vitamina D afecta la secreción de insulina

Sufrir de sobrepeso y tener bajos niveles séricos de vitamina D se asocia a un mayor riesgo de padecer de diabetes mellitus tipo 2. En circunstancias normales, la diabetes surge cuando nuestro cuerpo no logra regular adecuadamente los niveles de azúcar en la sangre.

En las personas sanas, el páncreas responde a estos niveles de glucosa liberando insulina para estimular a los receptores de las células y almacenar el exceso de glucosa. Sin embargo, en las personas diabéticas tipo 2 la insulina surte poco efecto, por lo que comienza a acumularse.

Muchas investigaciones plantean que la vitamina D contribuye con la salud y funcionamiento del páncreas y asocian las deficiencias permanentes de esta hormona a los factores que predisponen a la aparición de diabetes.

La falta de vitamina D aumenta el apetito

Hay estudios que mencionan que las personas con déficit de vitamina D presentan alteraciones en la liberación de la hormona del apetito. Y como sabemos, una mayor sensación de apetito conlleva a un aumento de peso.

En una investigación publicada por la Cambridge University Press, se demostró que un grupo de mujeres con obesidad (IMC >30) bajaron significativamente más de peso cuando se les suministraba suplementos de calcio y vitamina D a su dieta.   

La leptina es la hormona responsable de la saciedad. De esta manera, cuando nuestro cuerpo tiene déficit de vitamina D se elevan los niveles de leptina. Esto se puede interpretar como una respuesta del organismo para suprimir la deficiencia y encontrar una fuente disponible de nutrientes en los alimentos.

Esa es la razón del por qué las mujeres del estudio bajaron más de peso, según los investigadores.  

¿Qué estudios respaldan que el déficit de vitamina D se asocia a obesidad?

Como hemos leído hasta ahora, la obesidad contribuye a la aparición de déficit de vitamina D. Sin embargo, cabe preguntarse si lo anterior también sería posible, es decir, unos niveles bajos de vitamina D pudieran contribuir a los problemas de obesidad.

  • En un estudio acerca de la aparición del déficit de vitamina D realizado por la Universidad de Virginia Occidental, encontraron que los pacientes entre 2 a 18 años de edad con sobrepeso presentaban bajos niveles séricos de vitamina D (≤ 20 ng/mL) que aquellos con un peso regular.
  • En otro estudio realizado en el centro de osteoporosis de la Universidad de Miami sobre el ejercicio al aire libre y la hipovitaminosis D (o deficiencia de vitamina D), descubrieron que la exposición a los rayos del sol en sujetos obesos generaba grandes beneficios metabólicos al contribuir en la síntesis endógena de esta hormona.
  • El Centro Hospitalario Universitario de Rijeka en Croacia, realizó una investigación sobre la prevalencia de la deficiencia de vitamina D y la obesidad, concluyeron que a pesar de que los individuos delgados y con sobrepeso puedan llegar a padecer niveles bajos de vitamina D, las personas con obesidad tiende a tener concentraciones más bajas en la sangre.

Existen más estudios que muestran resultados poco concluyentes. No obstante, la mayoría coinciden en la influencia del tejido adiposo en la deficiencia de vitamina D. 

Sorprendentemente, durante muchos años se sostuvo la idea que las personas obesas tenían una mejor densidad ósea, ya que una mayor masa corporal conduce un aumento de la carga mecánica del cuerpo, lo que implicaría un fortalecimiento de la masa ósea como resultado. 

Pero, tal como señala el portal IntraMed «La obesidad no es nada buena para los huesos», el sobrepeso eleva el riesgo de padecer de diabetes mellitus y enfermedades renales, lo que afectaría la calidad ósea de los huesos y elevaría el riesgo a sufrir fracturas.

¿Cómo lidiar con el déficit de vitamina D a raíz de la obesidad?

Para recuperar el control de nuestra vida hay que reducir el riesgo de la obesidad y el déficit de vitamina. Como muchos otros problemas de salud, existen actividades que podemos realizar para estar más saludables, y son:  

  • Tomar sol regularmente: La exposición solar favorece que se produzca vitamina D. Sin embargo, debemos ser cuidadosos, ya que los rayos ultravioleta pueden ocasionar daños en la piel. Una explosión diaria de 12 minutos, durante las horas del día de mayor intensidad de luz solar es suficiente, siempre que se exponga suficiente superficie corporal y se haga varias veces por semana.
  • Realizar ejercicio físico: Llevar una vida más activa reduce el sedentarismo, lo que contribuye a disminuir la grasa corporal. Realizar caminatas de 30 minutos o participar en bailoterapia ayuda a fortalecer los músculos cardiacos.   
  • Tomar suplementos vitamínicos: Si padecemos de obesidad nuestro cuerpo dispone de poca vitamina D para su uso. Por lo tanto, tomar suplementos de vitamina D mejora la ingesta de esta hormona y contrarrestar la deficiencia en los alimentos.  
  • Seguir una dieta baja en calorías: Realizar solo ejercicio físico no bastará para disminuir el tejido graso. Es necesario comer alimentos saludables, libre de grasas saturadas y bajo en sodio, esto ayudará a combatir la obesidad y reducir el riesgo de hipertensión y diabetes.