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Estreñimiento: mitos y realidades

diarrea

El estreñimiento es uno de los trastornos digestivos más comunes en todo el mundo, y aunque muchas personas lo experimentan ocasionalmente, existen muchas ideas erróneas sobre sus causas, tratamiento y prevención.

Este artículo busca aclarar los mitos más frecuentes sobre el estreñimiento y aportar información basada en evidencia científica confiable para ayudar a comprender esta afección de forma sencilla y clara.

¿Qué es el estreñimiento?

El estreñimiento se define como una disminución en la frecuencia de las evacuaciones intestinales o dificultad para expulsar las heces, lo que provoca esfuerzo, sensación de evacuación incompleta o heces duras y secas. Aunque lo normal puede variar entre individuos, en general se considera estreñimiento cuando una persona tiene menos de tres evacuaciones por semana, acompañadas de molestias digestivas como inflamación o dolor abdominal (1).

Mito: “Si no vas al baño todos los días, estás estreñido”

Uno de los mitos más comunes es pensar que es necesario evacuar todos los días para estar sano. Lo cierto es que, en cada individuo la frecuencia intestinal normal varía, entre tres veces al día o al menos tres veces por semana (2). Es importante resaltar que las evacuaciones aparte de ser regulares no deben ir acompañadas de molestias u otras sintomatología.

Mito: “El estreñimiento siempre se debe a una dieta pobre en fibra”

Aunque es cierto que una dieta baja en fibra puede favorecer el estreñimiento, esta no es la única causa. Factores como la falta de actividad física, el estrés, ciertos medicamentos, enfermedades neurológicas, alteraciones hormonales o incluso problemas en el funcionamiento del colon también pueden estar involucrados (2).

Mito: “Tomar agua es suficiente para evitar el estreñimiento”

La hidratación es un factor importante para una buena digestión, pero por sí sola no garantiza que el tránsito intestinal funcione correctamente. Para que el intestino tenga un buen ritmo, también es fundamental consumir fibra en cantidades adecuadas, mantenerse activo físicamente y responder a las señales naturales del cuerpo para evacuar. De hecho, algunas personas con una dieta rica en fibra que no beben suficiente agua pueden empeorar su situación, ya que la fibra necesita líquido para cumplir su función de formar un bolo fecal suave y fácil de expulsar (3).

Mito: “Los laxantes son peligrosos y crean dependencia”

Otro mito muy difundido es que los laxantes son dañinos o adictivos. Lo cierto es que, usados de forma correcta y bajo supervisión médica, pueden ser una herramienta útil y segura, especialmente en casos de estreñimiento crónico. Existen diferentes tipos de laxantes (formadores de masa, estimulantes, emolientes, osmóticos), y no todos actúan de la misma manera. La clave está en usarlos según la necesidad de cada paciente y no de forma indiscriminada (2).

Realidad: la actividad física mejora el tránsito intestinal

Hacer ejercicio con regularidad estimula los movimientos naturales del intestino. Lo aconsejable es practicar alguna actividad la mayor cantidad de días de la semana (2), sobre todo en personas que llevan una vida sedentaria.

El ejercicio también ayuda a reducir el estrés, otro de los desencadenantes posibles del estreñimiento. Por eso, los cambios en el estilo de vida son tan importantes como la dieta en el tratamiento y prevención del estreñimiento.

Realidad: el estreñimiento puede afectar la calidad de vida

El estreñimiento no es solo una molestia menor. En algunos casos puede generar dolor, distensión abdominal, cólicos o náuseas, que afectan el bienestar emocional y la calidad de vida de quienes lo padecen. En personas con cáncer, por ejemplo, puede agravarse por los tratamientos como la quimioterapia o el uso de ciertos analgésicos, lo que requiere una atención especial y medidas específicas para su manejo (4).

Realidad: el estreñimiento funcional es el tipo más común

Existen dos tipos principales de estreñimiento: el agudo (de aparición repentina) y el crónico (que persiste por meses o años). Dentro del crónico, existen dos categorías según su causa: el estreñimiento primario o funcional (más frecuente) no definido por una causa médica o estructural clara y que puede mejorar con cambios en el estilo de vida, y el estreñimiento secundario causado por otras afecciones médicas como por ejemplo el cáncer de colon. (5)

¿Qué causa el estreñimiento?

El estreñimiento puede tener múltiples causas. Entre las más frecuentes se encuentran:

Causas relacionadas con el estilo de vida

Algunos hábitos cotidianos pueden dificultar el tránsito normal de las heces. Entre los más comunes se encuentran: no beber suficiente agua a lo largo del día, seguir una alimentación baja en fibra, llevar una vida sedentaria o no responder al impulso de ir al baño cuando aparece la necesidad. Todos estos factores pueden contribuir al desarrollo del estreñimiento (2).

Medicamentos

Ciertos fármacos pueden tener como efecto secundario el estreñimiento. Esto ocurre con frecuencia en personas que toman analgésicos opioides. Sin embargo, también puede presentarse con otros medicamentos utilizados para tratar afecciones como la hipertensión arterial, los trastornos convulsivos, la depresión, los problemas del sistema nervioso o las alergias (2).

Problemas musculares en el suelo pélvico

El suelo pélvico está formado por un grupo de músculos que sostienen los órganos de la parte inferior del abdomen. Para evacuar con normalidad, es necesario que estos músculos generen presión. Si existe debilidad o descoordinación en su funcionamiento, esto puede dificultar la eliminación de las heces y generar estreñimiento persistente (2).

Obstrucciones en el colon o el recto

Algunos cambios o daños en los tejidos del colon o del recto pueden bloquear el paso de las heces. Además, la presencia de tumores en estas áreas o en estructuras cercanas puede impedir el tránsito intestinal adecuado (2).

Otras causas médicas

Existen diferentes condiciones médicas que afectan el funcionamiento de los músculos, nervios y hormonas involucradas en la evacuación intestinal. Algunas de ellas son el síndrome de intestino irritable, la diabetes, la esclerosis múltiple, los trastornos tiroideos como el hipertiroidismo, la enfermedad de Parkinson, el daño o disfunción nerviosa y el embarazo. En ciertos casos, no se logra identificar una causa específica para el estreñimiento crónico (2).

¿Cuándo consultar al médico?

Aunque en muchos casos el estreñimiento se puede tratar con cambios en la dieta o el estilo de vida, hay situaciones en las que es fundamental consultar con un profesional. Se recomienda buscar atención médica si el problema dura más de tres semanas, si hay dolor abdominal intenso, sangrado rectal, pérdida de peso inexplicable o cambios drásticos en la frecuencia o consistencia de las evacuaciones (2).

Además, si el estreñimiento se presenta de forma repentina y se acompaña de fiebre, náuseas o vómitos, podría tratarse de una obstrucción intestinal u otro problema más serio (6). También es importante evaluar el uso prolongado de laxantes, ya que en algunos casos puede alterar el funcionamiento natural del intestino.

Tratamientos médicos disponibles

El tratamiento para el estreñimiento generalmente comienza con recomendaciones simples que buscan mejorar la dieta y los hábitos diarios para facilitar el tránsito intestinal. Si estas medidas no son suficientes, puede ser necesario recurrir a medicamentos o procedimientos más especializados.

Cambios en el estilo de vida y la alimentación

Una de las primeras estrategias recomendadas para combatir el estreñimiento es modificar la dieta y la rutina diaria. Entre los cambios más útiles se encuentran:

  • Incrementar el consumo de fibra: Incorporar más frutas, verduras, legumbres y cereales integrales puede ayudar a formar heces más blandas y voluminosas, lo que facilita su movimiento en el intestino. Para evitar malestares como hinchazón o gases, se sugiere aumentar la fibra poco a poco. Se recomienda consumir entre 25 y 34 gramos diarios, dependiendo de las necesidades energéticas de cada persona.
  • Hidratarse adecuadamente: Tomar suficiente agua y líquidos sin cafeína ayuda a suavizar las heces y reducir molestias asociadas al aumento de fibra.
  • Hacer actividad física regularmente: El ejercicio habitual mejora el movimiento del intestino. Si no se realiza actividad física, es aconsejable consultar con un profesional para comenzar de forma segura.
  • Establecer rutinas para ir al baño: No ignorar las ganas de defecar y procurar ir al baño después de comer, cuando el cuerpo naturalmente estimula el movimiento intestinal, puede ayudar a regular el tránsito.

Uso de laxantes

Cuando los cambios en la dieta y el estilo de vida no son suficientes, pueden utilizarse laxantes. Estos productos tienen diferentes mecanismos de acción y están disponibles sin receta médica:

  • Suplementos de fibra: Ayudan a retener líquido en las heces, lo que las hace más blandas y fáciles de evacuar.
  • Laxantes osmóticos: Estimulan la absorción de agua a nivel intestinal mejorando también el movimiento intestinal.
  • Laxantes estimulantes: Promueven contracciones en la pared intestinal para movilizar las heces.
  • Lubricantes: Facilitan el paso de las heces al reducir la fricción en el colon.
  • Ablandadores de heces: Hacen que las heces absorban agua y se mantengan blandas.

Otras alternativas

  • Enemas: Consiste en introducir líquido en el recto para ablandar las heces y estimular la evacuación. Suelen emplearse en casos en los que el recto está bloqueado por heces duras.
  • Supositorios: Se introducen en el recto y al derretirse con la temperatura corporal liberan sus principios activos . Pueden contener laxantes osmóticos, estimulantes o lubricantes (7).

Medicamentos con receta médica

Cuando otros tratamientos fallan, los médicos pueden recetar medicamentos que estimulan directamente el intestino, los cuales solo deben usarse bajo su estricta supervisión para evitar dependencia o efectos adversos (7).

Entrenamiento del suelo pélvico

Algunas personas tienen dificultades para coordinar los músculos involucrados en la evacuación. Para estos casos, el entrenamiento mediante biorretroalimentación puede ser una solución útil. Este procedimiento se realiza con la ayuda de un terapeuta que utiliza sensores en la piel y el recto para monitorear y enseñar cómo usar correctamente los músculos del piso pélvico, recto y ano (7).

Cirugía

En casos extremos, cuando ningún tratamiento ha funcionado, puede considerarse la cirugía. Se recomienda principalmente si existen daños estructurales o problemas graves en el colon o el recto que interfieren con la función normal del intestino (7).

El papel de la microbiota intestinal

Recientemente, se ha detectado que las personas con estreñimiento presentan diferencias en la composición de la microbiota intestinal en comparación con individuos sanos. Estas diferencias han llevado a considerar que las alteraciones en dicha microbiota podrían estar relacionadas con el desarrollo y la persistencia de los síntomas del estreñimiento (8).

La microbiota intestinal está formada por una gran variedad de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal y cumplen funciones esenciales para el bienestar general del organismo. Entre sus tareas más importantes se encuentran la transformación de los alimentos en nutrientes que el cuerpo puede aprovechar, la activación del sistema inmunológico, la defensa frente al crecimiento de bacterias perjudiciales y la producción de múltiples compuestos con funciones biológicas relevantes (8).

A medida que se avanza en el conocimiento sobre el papel de la microbiota en la salud digestiva, se fortalece la hipótesis de que su desequilibrio podría estar implicado directamente en la aparición y persistencia del estreñimiento crónico. En este contexto, comprender las interacciones entre la microbiota intestinal y el funcionamiento del intestino puede abrir nuevas oportunidades para el tratamiento de este trastorno (8).

Referencias

  1. Constipation [Internet]. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. 2018. [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://www.niddk.nih.gov/health-information/digestive-diseases/constipation
  2. Estreñimiento [Internet]. Mayo Clinic. 2025. [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/constipation/symptoms-causes/syc-20354253
  3. Eating, Diet, & Nutrition for Constipation. What should I eat and drink if I’m constipated? National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. 2018. [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://www.niddk.nih.gov/health-information/digestive-diseases/constipation/eating-diet-nutrition
  4. Estreñimiento relacionado con el tratamiento del cáncer. National Institute of Cancer. 2025. [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://www.cancer.gov/espanol/cancer/tratamiento/efectos-secundarios/estrenimiento
  5. Jani, B., & Marsicano, E. Constipation: Evaluation and Management. Missouri medicine. 2018. [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6140151/
  6. Obstrucción intestinal [Internet]. MedlinePlus.2021.  [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/intestinalobstruction.html
  7. Estreñimiento. Diagnóstico y tratamiento. [Internet]. Mayo Clinic. 2025.  [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/constipation/diagnosis-treatment/drc-20354259
  8. Zhao, Y., Yu, Y. B. Intestinal microbiota and chronic constipation [Internet]. SpringerPlus. 2016.  [Consultado el 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4951383

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