¿Qué es la coagulopatía por COVID-19?

La coagulopatía es un trastorno en el que las proteínas que controlan la coagulación se vuelven hiperactivas, lo que causa que la sangre coagule de manera irregular.

En algunos casos de coagulopatía, las proteínas que conforman los coágulos se consumen más rápidamente de lo normal. Como la coagulación no se mantiene lo suficiente como para detener el sangrado, se genera hemorragia o sangrado excesivo. Sin embargo, no hay suficiente evidencia para relacionar la coagulopatía del COVID-19 con pérdida de sangre.

Mientras tanto, en otros casos, la coagulopatía genera trombosis: una coagulación excesiva que obstruye los vasos sanguíneos y bloquea el flujo de sangre a distintos órganos, incluso aunque no haya una herida.

Muchos de los casos severos de COVID-19, que constituyen un 16% de los casos totales,1 presentan síntomas de coagulopatía trombótica. Es decir, hay una coagulación excesiva que impide el flujo de sangre por algunos vasos sanguíneos y puede poner en riesgo varios órganos e incluso la vida del paciente.

La coagulopatía se produce porque los virus como los que genera el COVID-19 producen una respuesta de inflamación a lo largo de todo el cuerpo. Esta inflamación, a su vez, está acompañada por una descarga de proteínas llamadas citocinas, la cual genera un desbalance entre los mecanismos pro y anticoagulantes. Uno de estos efectos es una sobreestimulación de plaquetas. El resultado de este desbalance es la coagulopatía.

Según explica M. Sholzberg de la Universidad de Toronto, el principal indicador de la coagulopatía en pacientes de COVID-19 es el incremento continuo de niveles de dímero-D. El dímero-D es un  fragmento de proteína que se produce cuando se disuelve un coágulo de sangre. Altos niveles de dímero-D en el momento de ingreso en el hospital también están asociados con un mayor riesgo de mortalidad.

¿Se puede prevenir la coagulopatía por COVID-19?

La coagulopatía por la COVID-19 está causada por la inflamación general del cuerpo que causa este virus. Aunque este trastorno no puede prevenirse por completo, sí es posible tomar medidas preventivas para reducir su riesgo y evitar trombosis.

Un estudio realizado por Sáenz Morales, Oscar Alberto et al. revela que una de las medidas más recomendables es administrar medicina antitrombótica a todos los pacientes graves que ingresen al hospital, excepto en el caso de aquellos que tengan una contraindicación al respecto, por esto el uso de este tipo de medicamentos siempre debe ser indicado y controlado por médicos especializados. A este tipo de medidas preventivas se le llama profilaxis.

Como lo indica su nombre, un fármaco antitrombótico combate la formación de coágulos excesivos que pueden obstruir los vasos sanguíneos. En el caso de personas hospitalizadas los antitrombóticos se administran inyectados, en algunas circunstancias el médico puede indicar el uso de antitrombóticos de forma tomada cuando el paciente es dado de alta.

Los antitrombóticos inyectados se conocen como heparinas, y entre ellas las heparinas de bajo peso molecular (HBPM) son las empleadas con mayor frecuencia. Otros tipos de antitrombóticos se usan por vía oral y se conocen como anticoagulantes orales directos, al igual que las heparinas deben ser indicados y controlados por médicos expertos.

Incidencia de la coagulopatía por COVID-19

De acuerdo con la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC), se estima que entre un 20% y 55% de los casos severos de COVID-19 presentan alguna forma de coagulopatía. No hay evidencia determinante, pero parece haber una relación entre la gravedad del estado paciente y la incidencia de coagulopatía.

En un artículo, la Dra. Paola Morejón Barragan indica que, entre los pacientes internados que están siendo medicados preventivamente contra trombosis, la porción de casos de coagulopatía varía significativamente: entre 0.9-12.5%.

Por otro lado, la doctora Morejón indica que 16-35% de los pacientes en cuidados intensivos, de mayor riesgo que los otros, manifiestan coagulopatía. Es probable que esta mayor incidencia esté relacionada con la hipoxemia: la disminución de niveles de oxígeno por debajo de los normales causada por el deterioro de los pulmones del paciente.

En resumen, un 25-30% de los casos de COVID-19 manifiestan coagulopatía, de acuerdo con un estudio realizado por el Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra. En un pequeño grupo de estos pacientes, la coagulopatía genera síntomas posiblemente mortales como el fallo de órganos internos.

Esta manifestación grave de la coagulopatía por COVID-19 ha sido clasificada en varias ocasiones como coagulación intravascular diseminada (CID), un tipo de coagulopatía autoinmune. Sin embargo, varios estudios cuestionan esto y proponen que se trata de una coagulopatía distinta. Una de las razones principales es que la CID está caracterizada por sangrado frecuente, lo cual ocurre muy raramente en el caso de la coagulopatía por COVID-19.

Consecuencias de la a coagulopatía por COVID-19

La coagulopatía por COVID-19 es un trastorno riesgoso que suele estar acompañado por otros síntomas graves de este virus como neumonía, sepsis y síndrome respiratorio agudo.

La coagulopatía puede causar falla general de órganos internos en algunos pacientes, lo cual es potencialmente mortal.

Algunas de las consecuencias más comunes de la coagulopatía por COVID-19 son:

  • Trombosis venosa profunda (TVP). Esta es la formación de coágulos de sangre en una o varias venas profundas del cuerpo, generalmente en las piernas. Estos coágulos pueden desprenderse  y entrar al flujo sanguíneo, causando problemas graves.
  • Embolia pulmonar. Sucede cuando los coágulos de sangre causados por la trombosis venosa profunda obstruyen las venas de los pulmones. Ya que los coágulos bloquean el flujo sanguíneo, este síntoma puede ser mortal si no se interviene rápidamente.
  • Infarto de miocardio. De manera similar a la embolia pulmonar, el infarto de miocardio sucede cuando los coágulos que viajan por la sangre obstruyen por completo una de las arterias del corazón. Puede causar muerte o necrosis de tejidos.
  • Isquemia mesentérica. Ocurre cuando los coágulos bloquean el flujo sanguíneo al intestino delgado. Puede causar un daño permanente de este órgano.
  • Isquemia de miembros inferiores. Esta isquemia se refiere al bloqueo del flujo de sangre a las piernas. Generalmente causa dolor durante el ejercicio de la pierna o, en casos más graves, en reposo. Si la isquemia avanza lo suficiente como para impedir la cicatrización de heridas o causar necrosis en los dedos, se debe hacer una intervención o se correrá el riesgo de perder la extremidad.

Accidente cerebro vascular. Si los coágulos bloquean el flujo sanguíneo a una parte del cerebro, esta dejará de recibir oxígeno y nutrientes y sus células comienzan a morir en cuestión de minutos. Es una urgencia que se debe tratar tempranamente para reducir el daño cerebral.

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