La vitamina D es mucho más que un nutriente para los huesos. En los últimos años, la ciencia ha revelado que esta sustancia actúa como una verdadera hormona capaz de regular el sistema inmunológico, la respuesta inflamatoria y la defensa contra infecciones. Su papel en la salud inmunológica ha cobrado relevancia, especialmente en el contexto de enfermedades respiratorias, condiciones autoinmunes y el bienestar general.
Tabla de contenidos
- 1 Que es la vitamina D y como se obtiene
- 2 La deficiencia de vitamina D: un problema en Latinoamérica
- 3 ¿Cómo actúa la vitamina D sobre el sistema inmunológico?
- 4 Vitamina D e infecciones respiratorias: que dice la evidencia
- 5 Vitamina D y enfermedades autoinmunes
- 6 Poblaciones vulnerables: ¿quiénes necesitan más atención?
- 7 ¿Cuánta vitamina D necesitamos cada día?
- 8 Recomendaciones prácticas para mantener niveles adecuados
- 9 Un recurso preventivo
- 10 Autor
Que es la vitamina D y como se obtiene
La vitamina D es una vitamina liposoluble, es decir, se disuelve en grasa y se almacena en el tejido adiposo y el hígado. Existen dos formas principales: la vitamina D2 (ergocalciferol), que proviene de plantas y hongos, y la vitamina D3 (colecalciferol), que se produce en la piel cuando esta se expone a la radiación ultravioleta B del sol y también la encontramos en la mayoría de los alimentos fortificados. [1]
La principal fuente de vitamina D para la mayoría de las personas es la exposición solar directa, que puede aportar hasta el 90% de las necesidades diarias. Los alimentos que la contienen de forma natural son limitados, por ello, en muchos países se enriquecen alimentos como la leche, los cereales y los jugos con vitamina D para compensar la baja ingesta dietética. [1]
Una vez en el organismo, la vitamina D pasa por dos transformaciones. Primero el hígado la convierte en 25-hidroxivitamina D (calcidiol), que es la forma principal de almacenamiento. Luego el riñón la convierte en su forma activa, la 1,25-dihidroxivitamina D o calcitriol, que es la que ejerce las funciones biológicas. Diversas células del sistema inmune también pueden realizar esta segunda conversión de manera local, lo cual es clave para entender sus diversas acciones. [2]
La deficiencia de vitamina D: un problema en Latinoamérica
Aunque América Latina cuenta con abundante luz solar durante gran parte del año, la deficiencia de vitamina D sigue siendo frecuente en la región. Se ha encontrado que muchas personas presentan niveles insuficientes a pesar de vivir en países con alta exposición solar, lo que demuestra que la radiación solar por sí sola no garantiza un adecuado estado de vitamina D. [3]
En Latinoamérica, los niveles de vitamina D están influenciados por múltiples factores, entre ellos la ubicación geográfica, los hábitos de exposición al sol, la alimentación, la edad, el estado nutricional y ciertas características genéticas. Incluso en zonas tropicales o cercanas al ecuador pueden encontrarse personas con deficiencia de vitamina D. [3]
Con respecto a las variaciones genéticas, estas pueden influir en la forma en que cada persona produce, transporta y utiliza la vitamina D. En Brasil, por ejemplo, investigaciones recientes encontraron que algunas variantes del gen GC, relacionado con la proteína que transporta la vitamina D en la sangre, parecen tener una fuerte influencia sobre sus niveles circulantes [3].
Por otra parte, investigaciones realizadas en México encontraron deficiencia en todas las estaciones del año, siendo especialmente elevada en invierno. Este hallazgo resulta llamativo dado que México se localiza en una latitud apropiada para la síntesis solar de vitamina D durante todo el año, lo que subraya la importancia de factores conductuales, laborales y alimentarios en la disponibilidad de esta vitamina. [4]
Los niveles de vitamina D en sangre se miden a través de la concentración de 25-hidroxivitamina D. Se considera deficiencia cuando los valores son inferiores a 20 ng/mL (50 nmol/L), mientras que la insuficiencia se diagnostica entre 21 y 29 ng/mL. Los niveles óptimos para la salud inmunológica se estiman entre 30 y 60 ng/mL según ultimas actualizaciones y guías de endocrinología. La deficiencia es frecuentemente asintomática, lo que dificulta su detección temprana sin una evaluación de laboratorio. [2]
¿Cómo actúa la vitamina D sobre el sistema inmunológico?
La relación entre la vitamina D y la salud inmunológica se explica principalmente por la presencia de receptores de vitamina D (VDR, por su sigla en inglés) en las células inmunitarias. Los linfocitos T y B, los monocitos (glóbulos blancos), y células como los macrófagos y las células presentadoras de antígenos expresan estos receptores, lo que permite que el calcitriol actúe directamente sobre ellos para modular la respuesta inmune. [2]
La vitamina D actúa sobre dos grandes ramas del sistema inmune: la inmunidad innata y la adaptativa. La inmunidad innata es la primera línea de defensa del organismo, que responde rápido ante patógenos. La vitamina D fortalece esta rama estimulando la producción de catelicidinas y defensinas, que son sustancias con características antimicrobianas capaces de destruir bacterias, hongos y virus al perforar sus membranas. Este mecanismo ha sido especialmente estudiado en relación con la tuberculosis y diversas infecciones respiratorias. [5]
Sobre la inmunidad adaptativa, que es más lenta pero específica y duradera, la vitamina D ejerce un efecto modulador que favorece la tolerancia y reduce el exceso de inflamación. El calcitriol inhibe la diferenciación de linfocitos Th1 y Th17, que son responsables de respuestas inflamatorias intensas y de algunas enfermedades autoinmunes, y estimula la producción de linfocitos T reguladores (Treg), que mantienen el equilibrio y evitan que el sistema inmune ataque los propios tejidos del organismo. [5]
Vitamina D e infecciones respiratorias: que dice la evidencia
Una de las áreas más investigadas en relación con la vitamina D es su potencial papel protector frente a las infecciones respiratorias. En 2017, un importante metaanálisis publicado en el British Medical Journal (BMJ), que analizó datos individuales de 25 ensayos clínicos controlados con más de 11.000 participantes, mostró que la suplementación diaria o semanal con vitamina D reduce el riesgo de infecciones respiratorias agudas, especialmente en personas con deficiencia severa de esta vitamina. El beneficio fue mayor cuando se administraron dosis regulares (diarias o semanales) en lugar de dosis únicas grandes. [6]
Vitamina D y enfermedades autoinmunes
La deficiencia de vitamina D se ha asociado consistentemente con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes, que son condiciones en las cuales el sistema inmune ataca por error los propios tejidos del cuerpo. Entre las enfermedades más estudiadas en este contexto se encuentran la esclerosis múltiple, la diabetes tipo 1, artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico y psoriasis. Estudios observacionales han reportado niveles séricos más bajos de vitamina D en pacientes con estas enfermedades en comparación con controles sanos. [5]
En el caso de la esclerosis múltiple, varios estudios epidemiológicos han identificado una relación inversa entre los niveles de 25-hidroxivitamina D y el riesgo de desarrollar la enfermedad: a mayor nivel de vitamina D, menor riesgo. Un estudio con datos de 401.460 personas de ascendencia europea demostró que niveles genéticamente más bajos de vitamina D se asocian con un riesgo aproximadamente doble de desarrollar esclerosis múltiple. Sin embargo, los ensayos clínicos de suplementación en pacientes ya diagnosticados muestran resultados variables, lo que indica que la prevención es probablemente más efectiva que el tratamiento una vez establecida la enfermedad. [2]
Para la diabetes tipo 1, estudios en modelos animales y en humanos sugieren que la vitamina D puede tener un efecto protector al estimular los linfocitos T reguladores e inhibir la respuesta Th1, que es la que destruye las células beta del páncreas productoras de insulina. Un ensayo clínico realizado en Finlandia mostró que niños que recibieron suplementación con vitamina D durante el primer año de vida presentaron un riesgo significativamente menor de desarrollar diabetes tipo 1 en comparación con aquellos que no la recibieron. [2]
Poblaciones vulnerables: ¿quiénes necesitan más atención?
Existen grupos de la población con mayor riesgo de presentar deficiencia de vitamina D y, por lo tanto, de ver comprometida su respuesta inmunológica. Los adultos mayores son especialmente vulnerables porque la capacidad de la piel para sintetizar vitamina D disminuye con la edad, la exposición solar suele reducirse y la absorción intestinal puede verse deteriorada. En este grupo, la deficiencia se asocia con mayor susceptibilidad a infecciones, debilidad muscular y mayor riesgo de enfermedades autoinmunes. [1]
Las personas con obesidad, con trastornos que limitan la absorción de las grasas (como la enfermedad de Crohn), la enfermedad celíaca o la colitis ulcerosa, también tienen mayor riesgo de deficiencia. En estos casos, la dosificación de suplementación puede necesitar ser mayor y debe ser ajustada por el médico tratante. [1]
¿Cuánta vitamina D necesitamos cada día?
Las recomendaciones de ingesta diaria de vitamina D varían según la edad y el estado de salud de cada persona. Las cantidades diarias recomendadas establecidas por la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos son de 400 UI para bebés menores de 12 meses y 600-800 UI para niños mayores de 1 año y personas adultas. Es importante destacar que estas cifras representan la necesidad mínima para la mayoría de la población sana, y que muchas personas con deficiencia pueden requerir dosis terapéuticas más altas bajo supervisión médica. [1]
La ingesta máxima tolerable para adultos y niños mayores de 9 años es de 4.000 UI diarias, aunque el riesgo de toxicidad real generalmente aparece con consumos sostenidos superiores a 10.000 UI por día durante periodos prolongados. Los síntomas de toxicidad incluyen hipercalcemia (niveles elevados de calcio en sangre), náuseas, debilidad y, en casos graves, depósitos de calcio en tejidos blandos. Por ello, la suplementación siempre debe realizarse de manera informada y, en lo posible, guiada por la medición previa de los niveles en sangre. [1]
Los suplementos de vitamina D están disponibles en dos formas: D2 (ergocalciferol) y D3 (colecalciferol). Ambas elevan los niveles en sangre, pero la D3 tiende a aumentarlos de forma más eficiente y mantenerlos durante más tiempo. Se absorben mejor cuando se toman junto con una comida que contenga grasas saludables, ya que la vitamina D es liposoluble. Estas presentaciones están disponibles en tabletas, cápsulas y soluciones líquidas aptas para bebes, lo que facilita su uso en distintas etapas de la vida. [1]
Recomendaciones prácticas para mantener niveles adecuados
Para mantener niveles óptimos de vitamina D y favorecer una respuesta inmunológica saludable, los profesionales de salud recomiendan una combinación de exposición solar moderada, dieta variada y, cuando sea necesario, suplementación. La exposición al sol durante 10 a 30 minutos en las horas de menor radiación ultravioleta intensa, sin protector solar en brazos y piernas, puede ser suficiente en personas de piel clara que viven en latitudes favorables. Sin embargo, para personas de piel oscura, adultos mayores o quienes pasan la mayor parte del tiempo en interiores, esta exposición puede ser insuficiente. [3]
En cuanto a la alimentación, incorporar con regularidad pescados grasos como salmón, sardinas o caballa, junto con huevos, hongos y productos lácteos o vegetales enriquecidos con vitamina D, contribuye a aumentar la ingesta diaria. Aunque difícilmente la dieta por sí sola cubra todas las necesidades, especialmente en personas con requerimientos aumentados, si puede complementar de manera relevante la síntesis cutánea. En países donde la fortificación de alimentos no es obligatoria ni generalizada, como ocurre en muchos contextos latinoamericanos, la suplementación se vuelve más necesaria. [1]
La medición de los niveles de vitamina D en sangre mediante un análisis de laboratorio es la forma más confiable de conocer el estado individual. A partir de ese resultado, el médico o nutricionista puede determinar si la persona necesita suplementación, en qué dosis y por cuánto tiempo. No se recomienda la suplementación masiva sin evaluación previa, ya que tanto la deficiencia como el exceso de vitamina D pueden ser perjudiciales para la salud. [3]
Un recurso preventivo
La vitamina D es un nutriente esencial que va mucho más allá de su conocida función en la salud ósea. Su papel como regulador del sistema inmunológico es cada vez más respaldado por la evidencia científica: fortalece la inmunidad innata, modula la respuesta adaptativa, reduce la inflamación excesiva y contribuye a la prevención de enfermedades infecciosas y autoinmunes. En Latinoamérica, mantener niveles adecuados representa una estrategia concreta para cuidar la salud inmunológica de toda la familia.
Para lograrlo, es fundamental combinar exposición solar responsable, una alimentación variada que incluya fuentes ricas en vitamina D y, cuando el médico lo indique, una suplementación adecuada a las necesidades individuales. Detectar y corregir la deficiencia a tiempo, especialmente en adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas, puede marcar una diferencia real en la calidad de vida y en la capacidad del cuerpo para defenderse de enfermedades.
Ante cualquier duda sobre los niveles de vitamina D o la necesidad de suplementación, se recomienda consultar con un profesional de la salud. Solo a través de una evaluación personalizada es posible determinar la estrategia más adecuada para cada persona.
Referencias
- Oficina de Suplementos Dietéticos, Institutos Nacionales de Salud (NIH). Vitamina D – Hoja informativa para el consumidor [Internet]. NIH; 2024 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://ods.od.nih.gov/factsheets/VitaminD-DatosEnEspanol/
- Sirbe C, Rednic S, Grama A, Pop TL. An Update on the Effects of Vitamin D on the Immune System and Autoimmune Diseases. Int J Mol Sci [Internet]. 2022 ago 29;23(17):9784 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9456003/
- Rueda-Plata,PN. Vitamina D: síntesis, deficiencia, polimorfismos y resistencia a su acción en los países latinoamericanos. Biomedica [Internet]. 2024 mar 31 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC11114286/
- Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). Deficiencia de vitamina D: una epidemia alarmante [Internet]. TecScience; 2023 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://tecscience.tec.mx/es/divulgacion-ciencia/deficiencia-de-vitamina-d-una-epidemia-alarmante/
- Aranow C. Vitamin D and the Immune System. J Investig Med [Internet]. 2011;59(6):881-886 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3166406/
- Martineau AR, Jolliffe DA, Hooper RL, Greenberg L, Aloia JF, Bergman P, et al. Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data. BMJ [Internet]. 2017;356:i6583 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5310969
- Jolliffe DA, Camargo CA, Sluyter JD, Aglipay M, Aloia JF, Ganmaa D, et al. Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory infections: a systematic review and meta-analysis of aggregate data from randomised controlled trials. Lancet Diabetes Endocrinol [Internet]. 2021 [Consultado el 22 de junio de 2026]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33798465/



