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¿Cómo influye la microbiota intestinal en la depresión?

microbiota y depresión

La depresión afecta a millones de personas en todo el mundo, representando una de las principales causas de discapacidad global. En los últimos años, la ciencia ha descubierto una conexión fascinante entre los billones de microorganismos que viven en nuestro intestino y nuestra salud mental. Este artículo explora cómo estos microorganismos, conocidos en conjunto como microbiota intestinal, influyen en la depresión y qué podemos hacer al respecto.

La conexión entre el intestino y el cerebro

Existe una comunicación constante entre nuestro intestino y nuestro cerebro, en ambas direcciones (1). Es como una autopista de información donde el cerebro envía mensajes al intestino y el intestino envía mensajes de vuelta al cerebro (2). En ese sentido, es interesante ver cómo el cerebro y el intestino están estrechamente conectados como órganos importantes que procesan señales tanto del ambiente externo como de nuestro interior (3).

Esta comunicación de ida y vuelta significa que el cerebro puede influir en cómo funciona el intestino, y a su vez, el intestino y sus microbios pueden afectar cómo funciona el cerebro y cómo nos sentimos. El nervio vago, que es como un cable largo que conecta el intestino con el cerebro y facilita esta comunicación (4). Este nervio actúa como una autopista de información que va en ambas direcciones.

¿Qué son los microbios intestinales?

En nuestro intestino viven entre 400 y 1,000 tipos diferentes de microorganismos. A este conjunto de bacterias, virus y hongos que viven en nuestro intestino se le llama microbiota (4). Estos microorganismos no son simplemente inquilinos pasivos; juegan roles activos y muy importantes para nuestra salud.

Los microorganismos intestinales tienen un efecto directo sobre nuestro sistema nervioso y nuestro estado de ánimo. Ciertos tipos de bacterias pueden afectar la producción de sustancias químicas cerebrales que regulan nuestras emociones. Por eso se dice que la comunicación funciona en ambos sentidos: las sustancias químicas del cerebro pueden afectar cómo funciona el intestino, y el intestino produce sustancias que afectan el cerebro (4).

¿Qué pasa con los microbios intestinales en personas con depresión?

Diversos estudios han demostrado que, cuando hay desorden en el sistema de microbios intestinales esto juega un papel muy importante en la depresión (2). La disbiosis, que es simplemente un desequilibrio o desorden en los microbios del intestino, interrumpe esta comunicación y empeora los síntomas de depresión. Factores como la mala alimentación, el uso de antibióticos y el estilo de vida pueden causar este desequilibrio (5).

Se ha encontrado que las personas con depresión tienen patrones diferentes de microbios en sus heces en comparación con las personas sin depresión (4). Y otras investigaciones han determinado que el desorden en los microorganismos del intestino fue observado en pacientes con condiciones de salud mental como la depresión (7).

¿Cómo afectan los microbios intestinales al cerebro y al estado de ánimo?

Producción de sustancias químicas que regulan el ánimo

Uno de los hallazgos más importantes es que las bacterias del intestino pueden producir o influir en la producción de sustancias químicas que regulan nuestro estado de ánimo. Varias bacterias pueden modificar o incluso crear sustancias químicas cerebrales importantes como el GABA (que ayuda a calmarnos), la serotonina (que nos hace sentir bien), la dopamina (relacionada con la motivación y el placer) y la noradrenalina (que nos ayuda a estar alertas) (8).

En una investigación en la que se le dio a un grupo de ratones cepas de Lactobacillus (un tipo de bacteria beneficiosa que forma parte de la microbiota intestinal), estos mostraron menos comportamientos similares a la depresión y la ansiedad y se observaron cambios en cómo funcionan ciertas áreas del cerebro relacionadas con las emociones (9). El tratamiento con estas bacterias beneficiosas ha demostrado producir cambios en regiones específicas del cerebro, particularmente en las áreas que controlan nuestras emociones (10).

Producción de ácidos grasos especiales

Los ácidos grasos de cadena corta son sustancias especiales producidas cuando las bacterias intestinales fermentan la fibra que comemos. Las tres principales son el acetato, propionato y butirato. Estas sustancias juegan un papel muy importante en regular cómo se comunican el intestino, el sistema inmune y el cerebro (8). Los ácidos grasos de cadena corta han demostrado mejorar los niveles de sustancias químicas o neurotransmisores cerebrales importantes en áreas como el hipotálamo (una región del cerebro que controla diversas funciones corporales) (8).

El propionato y butirato, por ejemplo,  pueden influir en el funcionamiento de las células cerebrales (8). Estas sustancias también pueden estimular las células del intestino para aumentar la producción de serotonina, un neurotransmisor que regula el estado de ánimo (12). El butirato lleva a un aumento en los niveles de serotonina en el hipocampo (una parte del cerebro importante para las emociones y la memoria).

Los cambios en estos ácidos grasos están asociados en diferentes investigaciones tanto con síntomas de depresión como con problemas intestinales en adultos jóvenes. En este sentido, un estudio de 2018 mostró que la gravedad de los síntomas depresivos se correlacionó con las proporciones de acetato, butirato y propionato. Los resultados indican que los cambios en estas sustancias están asociados tanto con problemas intestinales como con la depresión (12).

El sistema de defensa del cuerpo y la inflamación

Un desequilibrio en la comunicación entre intestino y cerebro se ha usado para explicar cómo se desarrolla la depresión. Las alteraciones en los microbios intestinales podrían hacer que la pared intestinal sea más permeable, modificar el funcionamiento de las sustancias químicas cerebrales y alterar la respuesta al estrés, llevando eventualmente a la depresión (13).

Y finalmente cuando hay problemas intestinales con aumento de la permeabilidad de la pared intestinal, los productos de las bacterias pueden pasar a la sangre y aumentar la inflamación, lo que puede afectar el cerebro, produciendo moléculas inflamatorias (8).

La respuesta al estrés

Nuestro cuerpo tiene un sistema que responde al estrés, involucrando tres áreas principales: el hipotálamo (en el cerebro), la glándula pituitaria y las glándulas suprarrenales. Este sistema se activa cuando estamos bajo presión interna o externa. El hipotálamo libera una hormona que activa la glándula pituitaria, que a su vez estimula las glándulas suprarrenales para liberar cortisol (la hormona del estrés). El cortisol afecta cómo funciona el intestino, incluyendo su movimiento y producción de moco, lo que induce cambios en los microbios intestinales (2).

En pacientes con depresión, este sistema está significativamente alterado y está hiperactivo. El resultado final es a menudo problemas intestinales y microbios intestinales alterados (2). Se ha reportado que hay irregularidades en este sistema de respuesta al estrés cuando hay deficiencias nutricionales (14).

Una proteína importante para el cerebro

Existe una proteína muy importante llamada BDNF o factor neurotrófico derivado del cerebro. Esta proteína juega un papel crucial en el crecimiento de las neuronas y en cómo se conectan entre sí durante el desarrollo del cerebro. Se ha documentado que los pacientes con depresión muestran niveles disminuidos de esta proteína en la sangre y en el líquido que rodea el cerebro.

Una bacteria específica que forma parte de la microbiota intestinal llamada: Bifidobacterium longum, produce ácidos grasos de cadena corta y ha demostrado aumentar esta proteína, regular cómo funcionan los nervios del intestino y aliviar comportamientos similares a la depresión en ratones (15).

El nervio vago: la autopista principal de comunicación

El nervio vago juega un papel bien establecido en la comunicación entre intestino y cerebro, y ahora la evidencia emergente sugiere que los niveles de la proteína BDNF en el cerebro también juegan un papel crucial en esta comunicación (4). El nervio vago normalmente no está en contacto directo con las bacterias intestinales, a menos que exista un problema en la pared del intestino (10).

Sin embargo, el nervio vago puede detectar y transmitir señales de las bacterias al cerebro a través de células especiales del intestino. Cuando los ácidos grasos de cadena corta se unen a sus receptores en estas células intestinales especiales, estas células liberan varios mensajeros químicos: serotonina, y otras sustancias que ayudan a regular el apetito y la digestión. Estos mensajeros luego actúan sobre el nervio vago, influyendo en varias respuestas del cuerpo (10).

El estrés como puente entre intestino y depresión

El estrés es particularmente considerado como un factor muy importante en la depresión que puede explicarse por la conexión intestino-cerebro (2). Los cambios intestinales causados por el estrés usualmente incluyen dos mecanismos: cambios en los movimientos intestinales y cambios en qué tan permeable es la pared intestinal (2).

Un estilo de vida poco saludable causado por factores como el estrés y las infecciones puede llevar al desorden en las bacterias intestinales, lo que puede contribuir a la depresión (4). Los estudios en animales han demostrado que cuando se activa el sistema de respuesta al estrés los movimientos intestinales cambian. Esta dinámica en los movimientos y permeabilidad intestinal fue acompañada por cambios en la composición y estabilidad de los microbios intestinales (2).

Tratamientos basados en mejorar los microbios intestinales

Probióticos: bacterias beneficiosas

Los tratamientos existentes asociados con los microbios intestinales incluyen medicamentos tradicionales dirigidos a microorganismos, cambios en la alimentación, prebióticos (alimentos para las bacterias buenas), probióticos (bacterias beneficiosas) y trasplante de microbiota fecal. Se pueden lograr resultados aceptables en la prevención y tratamiento de la depresión al regular las bacterias intestinales (2).

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se toman en cantidades adecuadas, dan un beneficio para la salud. Varios estudios en ratones con depresión muestran que algunos probióticos disminuyen la inflamación, reducen el nivel de la hormona del estrés y cambian el nivel de sustancias químicas cerebrales, lo que consecuentemente lleva a la mejora de los síntomas de depresión (16).

Además, ciertos estudios clínicos han indicado mejoras en el estado de ánimo en pacientes que sufren de depresión (16). Los estudios en animales han mostrado que dar Lactobacillus rhamnosus lleva a comportamientos reducidos similares a la ansiedad y depresión (6).

Trasplante de microbiota fecal

El trasplante de microbiota fecal consiste en trasplantar bacterias intestinales de personas saludables a pacientes con desorden intestinal. Para el tratamiento de la depresión, este trasplante dio resultados prometedores tanto en estudios con animales como en estudios clínicos (15). Por ejemplo, el trasplante mejoró los síntomas depresivos inducidos por estrés crónico en ratas al remodelar las bacterias intestinales y restaurar las sustancias producidas por estas bacterias, que están involucradas en el aumento de proteínas cerebrales importantes y sustancias químicas que regulan el ánimo (15).

Cambios en la alimentación

Es necesario tener una alimentación variada y saludable para sostener la producción de ácidos grasos de cadena corta (15). Las fibras de los alimentos y el almidón son los principales ingredientes que las bacterias intestinales usan para producir estos ácidos grasos. Una dieta rica en estos componentes puede promover el crecimiento de bacterias beneficiosas en el intestino, producir sustancias químicas que impactan positivamente la función cerebral y alterar los niveles de sustancias químicas específicas en el cerebro (4).

Alimentos que benefician la salud mental a través del intestino

Para mantener una microbiota intestinal saludable que apoye la salud mental, es importante consumir alimentos ricos en fibra, como frutas, verduras, legumbres y granos enteros. Estos alimentos proporcionan el «combustible» que las bacterias beneficiosas necesitan para producir los ácidos grasos de cadena corta que benefician al cerebro.

Los alimentos fermentados como el yogur, el kéfir, el chucrut y el kimchi contienen bacterias vivas beneficiosas que pueden ayudar a mejorar la composición de la microbiota intestinal. Incluir estos alimentos regularmente en la dieta puede apoyar la salud mental a través de la mejora de la salud intestinal.

Por otro lado, una dieta alta en azúcares procesados, grasas saturadas y alimentos ultra procesados puede promover el crecimiento de bacterias menos beneficiosas y reducir la diversidad microbiana, lo que puede tener efectos negativos en el estado de ánimo y la salud mental.

En resumen

La ciencia demuestra que existe una relación compleja entre las bacterias intestinales y la depresión a través de la comunicación constante entre el intestino y el cerebro. Los estudios realizados han demostrado que el desorden en las bacterias intestinales juega un papel importante en la depresión. El desequilibrio intestinal puede contribuir al desarrollo y mantenimiento de síntomas depresivos a través de múltiples mecanismos conectados.

Para las personas con depresión o en riesgo de desarrollarla, mantener bacterias intestinales saludables a través de una dieta rica en fibra, el manejo del estrés y, cuando sea apropiado, el uso de probióticos bajo supervisión médica, pueden ser componentes valiosos de un enfoque integral para la salud mental. Sin embargo, estas estrategias deben considerarse complementarias y no sustitutos de los tratamientos establecidos para la depresión.

Referencias

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  2. Zhu F, Tu H, Chen T. The Microbiota–Gut–Brain Axis in Depression: The Potential Pathophysiological Mechanisms and Microbiota Combined Antidepression Effect [Internet]. Nutrients. 2022 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en:https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9144102/
  3. Tian CM, Yang MF, Kong C, Luo D, Yue NN, Zhao HL, Zhang Y, Lu JP, Liang YJ, Song Y, Wei DR, Yao J, Wang LS, Li DF. Microbiome-Gut-Brain Axis: Implications for the Links Between Inflammatory Bowel Disease and Neuropsychiatric Disorders [Internet]. Int J Mol Sci. 2025 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41017969/
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  5. Patel RA, Panche AN, Harke SN. Gut microbiome-gut brain axis-depression: interconnection [Internet]. World J Methodol. 2024 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39713871/
  6. Pavlo Petakh, Khrystyna Duve, Valentyn Oksenych, Payam Behzadi, Oleksandr Kamyshnyi. Molecular mechanisms and therapeutic possibilities of short-chain fatty acids in posttraumatic stress disorder patients: a mini-review [Internet]. Front Neurosci. 2024 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en: https://www.frontiersin.org/journals/neuroscience/articles/10.3389/fnins.2024.1394953/full
  7. Mohan A, Godugu S, Joshi SS, Shah KB, Vanka SC, Shakil H, P D, Veliginti S, Sure PS, Goranti. Gut-brain axis: altered microbiome and depression – review [Internet]. Curr Neuropharmacol. 2023 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37228982/
  8. Silva YP, Bernardi A, Frozza RL. The Role of Short-Chain Fatty Acids From Gut Microbiota in Gut-Brain Communication [Internet]. Front Endocrinol. 2020 [Consultado el 10 de noviembre de 2025]. Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7005631/
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Autor

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Dirección Médica de Laboratorios Farma y Gerencia de Asuntos Regulatorios

Material revisado por equipo multidisciplinario de profesionales de la salud, conformado por Médico Internista, Hematólogo, Anestesiólogo y Farmacéuticos.
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