Antes de hablar sobre los mitos o realidades relacionadas con la digestión y los digestivos, es importante definir cada uno de ellos. La digestión consiste en convertir los alimentos ingeridos en sustancias más pequeñas, nutrientes, para que el cuerpo pueda aprovecharlos y convertirlos en energía. Los digestivos, por otra parte, son sustancias que se han empleado desde hace siglos para ayudar a mejorar la digestión.

La digestión comienza en la boca con la masticación y producción de saliva, sigue en el estómago con la destrucción parcial de los alimentos gracias a los ácidos estomacales, y finaliza en los intestinos. Aquí una serie de proteínas, llamadas enzimas digestivas, terminan de descomponer los alimentos en sus partes más básicas, es decir los nutrientes. Los nutrientes son absorbidos por las paredes del intestino y pasan a la sangre para ser utilizados.

La cultura árabe, seguida de los monjes cristianos, inició el procesamiento y destilación de aguardientes y licores con fines medicinales. Una da las propiedades terapéuticas que más se les ha atribuido a algunos licores son sus efectos sobre la digestión, por lo que reciben el nombre de digestivos. Se dice que mejoran el flujo sanguíneo a nivel del estómago, favorecen la producción de ácido clorhídrico y estimulan el vaciado gástrico. Cabe recordar que la mayoría de estas bebidas provienen de hierbas y frutas. Además, se ha planteado que cuanto mayor grado de alcohol tengan es mejor para sus efectos estomacales.

¿Cuánto de todo esto es verdad y cuánto es mito?

Mito: La digestión ocurre esencialmente en el estómago, por lo cual las sustancias que favorecen la producción de ácidos estomacales (ácido clorhídrico – HCL-) mejoran la digestión.

Realidad: La digestión comienza en la boca, con la masticación y la mezcla de alimentos con saliva y una enzima llamada amilasa salival. Sigue en el estómago con la producción de HCl junto a otra enzima llamada pepsina, y culmina en los intestinos con la acción conjunta de varias enzimas que provienen de un órgano llamado páncreas. Estas enzimas descomponen proteínas, grasas y carbohidratos. Entonces, cuando masticamos bien los alimentos y comemos despacio contribuimos con la digestión.

Mito: Los alimentos crudos se digieren mejor porque contienen sus propias enzimas que contribuyen con su digestión.

Realidad: Salvo las frutas y algunos vegetales, la mayoría de los alimentos que ingerimos, en especial los de base proteica, deben estar bien cocidos para evitar el riesgo de contaminación con bacterias o parásitos que nos pueden causar enfermedades intestinales.

Mito: Al finalizar una cena abundante, es bueno ingerir un licor de alto grado como “digestivo” para evitar sentir pesadez o indigestión, porque los licores ayudan al estómago a destruir los alimentos.

Realidad: Los licores «digestivos» en general no producen un efecto directo sobre la digestión. Algunos pueden inducir vasodilatación (que los vasos sanguíneos lleven más sangre), lo cual no tiene un efecto directo sobre el proceso digestivo. Lo que sí es un hecho es que los licores con grado alcohólico mayor a 25° pueden provocar irritación de la mucosa gástrica.

Lo ideal es que las comidas, en especial la cena, no sean copiosas, es decir, se deben ingerir alimentos en pequeñas porciones, ligeros y bajos en carbohidratos. Adicionalmente es prudente no acostarse de inmediato, sino hacer una caminata corta o alguna actividad durante las siguientes una a dos horas posteriores a la comida. Si la comida es copiosa o sabemos que el tipo de alimentos suele caernos pesados, entonces preferir enzimas digestivas a base de pancreatina.

Mito: Las infusiones de hierbas como menta, té, manzanilla, anís, canela y otras ayudan a combatir la flatulencia (acumulación de gases en el tubo digestivo).

Realidad: Algunas hierbas como anís, hinojo y menta contienen una sustancia denominada anetol, la cual tiene propiedades antiespasmódicas (anticólicos) a concentraciones apropiadas en adultos, pero en los niños pueden resultar tóxicas. Dado ese efecto, se ha planteado que ayudan contra la flatulencia, sin embargo, disminuir la motilidad intestinal, al contrario favorece la acumulación de gases a nivel intestinal.

Mito: La digestión “se corta” si comemos e inmediatamente hacemos ejercicios físicos, nos bañamos, tenemos relaciones sexuales, etc.

Realidad: Realmente la digestión no “se corta”, pero es importante saber que durante la digestión ocurren procesos que hacen que el organismo le dé prioridad a entregar sangre y energía al tubo digestivo. Por ello muchas personas sienten algo de sueño después de comer, en especial si ingieren grandes cantidades de alimentos.

Si realizamos actividades que impliquen consumo de energía en otros tejidos como el muscular, es posible que el organismo se resista a re-direccionar el flujo de sangre. Esto se manifiesta con cambios bruscos de la presión arterial e incluso de la frecuencia cardíaca. También durante el proceso de la digestión el organismo genera más calor. Si sometemos nuestro cuerpo a cambios muy bruscos de temperatura, es posible que presentemos un fenómeno conocido como hidrocución.

¿Cómo se puede mejorar la digestión?

  • Ingerir alimentos ligeros, abundantes ensaladas verdes y carnes bajas en grasas
  • Reducir la ingesta de carbohidratos, con lo cual además disminuye la producción de gases
  • Disminuir la ingesta de lácteos y preferir que estén fermentados (yogurt)
  • Comer despacio y masticar muy bien los alimentos
  • Evitar las frituras en la medida de lo posible
  • Ingerir pequeñas porciones en varias oportunidades (5 porciones al día)
  • No acostarse inmediatamente después de comer
  • Incluir digestivos a base de enzimas digestivas (pancreatina), si las comidas son copiosas o no puedes resistir la tentación con alimentos que suelen ser “pesados” para ti.

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