¿Sabías que cerca de 1 de cada 5 niños en el mundo tiene deficiencia de vitamina D? Además, otro 34 % presenta insuficiencia, una cifra que aumenta especialmente en invierno, cuando la exposición al sol es menor. Este hallazgo, basado en un estudio con más de 51.000 niños [1], alerta sobre un problema que va más allá de la salud ósea.
La vitamina D actúa como una hormona fundamental para el desarrollo cerebral infantil, participando activamente durante las etapas críticas del crecimiento del sistema nervioso central. Entre sus funciones están la neurogénesis (formación de nuevas neuronas), la plasticidad sináptica y la regulación de neurotransmisores clave como la dopamina y la serotonina, sustancias esenciales para la atención, la memoria, el estado de ánimo y el aprendizaje [2].
En este artículo te explicamos cómo contribuye a la salud mental y física de los pequeños de la casa, qué riesgos existen si hay un déficit y cómo asegurarse de que tengan niveles adecuados desde los primeros meses de vida.
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El impacto de la vitamina D en el desarrollo cerebral y cognitivo
Diversos estudios demuestran que mantener niveles adecuados de vitamina D durante el embarazo y la infancia mejora resultados cognitivos y conductuales, mientras que su déficit incrementa el riesgo de trastornos del neurodesarrollo como el de déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y ciertos rasgos del espectro autista [3].
En particular, el estudio Generation R, realizado en Países Bajos, evidenció que los hijos de madres con niveles suficientes de vitamina D presentaban menos rasgos asociados al autismo, así como un mejor desarrollo del lenguaje y de habilidades sociales [3].
De forma complementaria, un metaanálisis [4], que agrupa los datos de 25 estudios, encontró que niveles adecuados de vitamina D prenatal se relacionan con una mejora en el desarrollo cognitivo y una reducción significativa del riesgo de TDAH y otros indicadores del espectro autista.
Si bien la vitamina D no es el único factor involucrado en el neurodesarrollo infantil, estos hallazgos resaltan su importancia como una pieza clave en la prevención temprana de trastornos del desarrollo.
¿Cómo saber si tienen niveles bajos de vitamina D?
Algunos signos pueden indicar una posible deficiencia de vitamina D, aunque es importante recordar que no son exclusivos de esta condición. Presta atención a síntomas como:
- Cansancio o somnolencia
- Dificultad para concentrarse
- Irritabilidad o cambios de humor
- Retrasos en el desarrollo del lenguaje o la motricidad
- Dolor muscular o debilidad
Si observas alguno de estos síntomas en tu hijo, lo mejor es consultar con el pediatra para una evaluación adecuada. La forma más precisa de confirmar una deficiencia es mediante un análisis de sangre que mide los niveles de 25-hidroxivitamina D (25[OH]D), la forma circulante de vitamina D en el cuerpo. Este examen también ayuda a determinar si es necesario iniciar suplementación [5].
Fuentes de vitamina D para tus hijos
Para mantener niveles saludables de vitamina D, puedes combinar varias estrategias cotidianas que incluyen la exposición al sol, una dieta adecuada y, en algunos casos, la suplementación. Aquí algunas recomendaciones prácticas:
- Tiempo al aire libre con protección: La piel produce vitamina D al exponerse a los rayos ultravioleta B (UVB). Solo se necesitan entre 20 y 30 minutos de exposición en brazos y piernas, varias veces por semana, para generar la cantidad necesaria. Sin embargo, es importante evitar las horas de mayor radiación solar (entre las 11:00 a.m. y las 04:00 p.m.) y usar protector solar si la exposición se prolonga para proteger la piel, en este último caso hay que tener en cuenta que reduce la producción de vitamina D.
- Alimentación rica en vitamina D: Incorpora alimentos naturales o fortificados que aporten esta vitamina.
- Suplementos bajo supervisión médica: Consulta siempre con el pediatra para evaluar la necesidad de suplementos, especialmente en lactantes y niños con riesgo de deficiencia.
- Signos de deficiencia y consulta ante dudas: Observa posibles síntomas y pide un análisis de sangre si consideras que puede haber un problema.
Alimentos con vitamina D o fortificados
La vitamina D está presente en algunos alimentos de forma natural y en otros como resultado de fortificación o enriquecimiento. Algunos ejemplos son:
- Pescados grasos como salmón, trucha, caballa y atún
- Yema de huevo
- Leche, cereales y jugos enriquecidos con vitamina D
Aunque estos alimentos no siempre cubren por completo las necesidades diarias, son un suplemento importante para mantener niveles adecuados de esta vitamina en los niños.
Suplementos: ¿cuándo son necesarios?
En recién nacidos y lactantes, especialmente aquellos alimentados exclusivamente con leche materna y con poca exposición solar, existe un riesgo elevado de deficiencia de vitamina D. Aunque la leche materna es el alimento ideal, contiene cantidades bajas de vitamina D, en un rango aproximado de 0.5 a 1.8 microgramos por litro [6], insuficientes para cubrir las necesidades diarias del lactante.
Instituciones como la Academia Americana de Pediatría (AAP) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan la suplementación con vitamina D como una estrategia segura y efectiva para prevenir esta deficiencia. Las dosis sugeridas suelen ser de 5 a 10 microgramos diarios (200 a 400 UI), iniciándose durante el primer mes de vida y manteniéndose hasta que la dieta aporte cantidades adecuadas de vitamina D. lactantes. Las dosis más comúnmente recomendadas son de 10 microgramos diarios (400 UI)
La suplementación debe ser siempre indicada y supervisada por un pediatra, quien evaluará la necesidad según el historial clínico y el entorno del niño.
Conclusión:
La vitamina D no solo fortalece los huesos: es vital para garantizar el bienestar emocional de tus hijos. Con acciones simples —como promover una exposición solar segura, mejorar la alimentación y seguir las indicaciones médicas— puedes ayudar a que crezcan con un cerebro sano, una buena capacidad de aprendizaje y un equilibrio emocional estable.
La prevención y el seguimiento oportuno son las mejores herramientas para que tus hijos crezcan con salud cerebral, un buen desarrollo cognitivo y bienestar emocional desde sus primeros años.
Fuentes
- Sarı E, Çoban G, Öztek Çelebi F, Altınel Açoğlu E. The status of vitamin D among children aged 0 to 18 years [Estado de la vitamina D en niños de 0 a 18 años]. J Pediatr Res. Disponible en: https://jpedres.org/articles/the-status-of-vitamin-d-among-children-aged-0-to-18-years/jpr.galenos.2021.09851
- Balion C, et al. Vitamin D, cognition, and dementia: a systematic review and meta-analysis [Vitamina D, cognición y demencia: una revisión sistemática y metaanálisis]. Neurology. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3448747/
- Vinkhuyzen AAE, et al. Gestational vitamin D deficiency and autism-related traits: The Generation R Study [Deficiencia gestacional de vitamina D y rasgos relacionados con el autismo: el Estudio Generation R]. Molecular Psychiatry. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27895322/
- García-Serna, A. M., & Morales, E. Neurodevelopmental effects of prenatal vitamin D in humans: systematic review and meta-analysis [Efectos neurodesarrollativos de la vitamina D prenatal en humanos: revisión sistemática y metaanálisis]. Molecular Psychiatry, 25(10), 2468–2481. Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41380-019-0357-9
- Saggese G, et al. Vitamin D in Pediatric Age: Current Evidence, Recommendations, and Misunderstandings [Vitamina D en la edad pediátrica: evidencia actual, recomendaciones y malentendidos]. Nutrients. 2023;15(6):1461. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC10060648/
- Weiler HA. Vitamin D supplementation for infants: biological, behavioural and contextual rationale [Suplementación con vitamina D en lactantes: fundamentos biológicos, conductuales y contextuales]. Geneva: World Health Organization. Disponible en: https://www.who.int/tools/elena/bbc/vitamind-infants



