Seguramente hemos escuchado en varias oportunidades sobre el riesgo de disfunción eréctil en hombres con hipertensión o en quienes han padecido un infarto o un ACV, pero…

¿Sabías que la aparición de disfunción eréctil o poco contacto sexual puede ser un signo premonitorio de mayor riesgo cardiovascular? 

Dime cuál es tu frecuencia sexual, y te diré que riesgo tienes…Una frecuencia de relaciones sexuales de 4 o más veces por mes se asocia con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV) en comparación con una frecuencia de relaciones sexuales de al menos una vez al mes.

Tu deseo de contacto sexual y la calidad de tus erecciones reflejan el estado de tu salud cardiovascular

Si tus contactos sexuales son tan frecuentes como dos o tres veces por semana, tranquilo!… esto es una buena señal de tu condición cardiovascular.

Una menor frecuencia de relaciones sexuales aumenta el riesgo de ECV y es un factor de riesgo independiente para este tipo de afecciones de la salud. Por lo tanto, hombres con disfunción eréctil que tienen una menor frecuencia de relaciones sexuales también tienen un mayor riesgo de enfermar del corazón.

Menos deseo sexual y más riesgo de enfermar del corazón

Múltiples investigaciones han encontrado una asociación estrecha entre la disminución del deseo sexual y la disfunción eréctil (DE) y la mortalidad relacionado con mayor riesgo de aparición de enfermedad cardiovascular. Entre otros aspectos de la DE, la función sexual así como la frecuencia de la actividad sexual, han sido factores de riesgo independiente para la ECV. 

¿Por qué la DE implica un mayor riesgo muerte cardiovascular?

Se proponen varias explicaciones posibles para este planteamiento. La frecuencia de la actividad sexual (relaciones sexuales u otra actividad), es una variable que puede comprender la libido o deseo sexual, la función eréctil y la capacidad física, que pueden intervenir en el acto sexual. Como tal, es probable que las personas con buen deseo y desempeño sexual, así como una buena capacidad física,  les permitan participar en una actividad sexual más frecuente, y de esta manera reflejan que tan saludables pueden ser.

 Del mismo modo, en lugar de ser útil esta apreciación como una medida indirecta de la salud general, la actividad sexual podría comportarse como un tipo de actividad física que pueda servir directamente para proteger la salud cardiovascular. 

Adicionalmente la frecuencia de la actividad sexual también podría identificarse como un elemento determinante adicional de la gravedad de la DE, más allá de los resultados que se puedan encontrar en un formulario para su diagnóstico. También se plantea que los hombres que tienen actividad sexual frecuente, tengan una relación íntima de apoyo con una pareja estable y esto también podría mejorar la salud cardiovascular mediante la reducción del estrés y el apoyo social. 

En los pacientes tanto con disfunción eréctil como con algún tipo de enfermedad cardiovascular, el pronóstico de la  enfermedad es más grave, que aquellos pacientes que solo tiene esta última, y la magnitud de la disfunción eréctil será proporcional a la intensidad de la enfermedad cardiovascular. Además, estos pacientes tienen un mayor riesgo de sufrir isquemia cardíaca, insuficiencia cardíaca y enfermedad vascular de las arterias de los miembros inferiores, que aquellos pacientes que no tiene disfunción eréctil. Por lo cual la presencia ayuda a identificar a los pacientes con mayor riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular.

El diagnóstico de disfunción eréctil puede ser en muchos casos un factor de riesgo independiente para predecir el riesgo de eventos cardiovasculares en un hombre

Igualmente la disminución de la dureza eréctil, está estrechamente relacionado con el riesgo de eventos cardiovasculares, y una dureza eréctil gravemente afectada, se asocia con un aumento riesgo de eventos cardiovasculares. La relación entre la rigidez de la erección y el riesgo de ECV demuestran directamente la relación entre disfunción eréctil y la enfermedad cardiovascular.

En general,  se evidencia una relación estrecha entre la frecuencia sexual, la función eréctil y la salud cardiovascular, y de esta manera la disfunción eréctil puede reflejar  el pronóstico de la enfermedad cardiovascular, por lo cual podría ser considerada una herramienta útil en la detección del riesgo cardiovascular.

El tratar la disfunción eréctil puede beneficiar la salud cardiovascular

El uso regular de algunos fármacos puede reducir el riesgo de eventos cardiovasculares. Estudios han demostrado que la administración de una clase específica de fármacos para la disfunción eréctil posee importantes beneficios a nivel cardiovascular.

Investigaciones han demostrado, que los pacientes que fueron tratados con un este tipo específico de terapias para la disfunción eréctil reportaron una menor mortalidad y un menor riesgo de hospitalización por insuficiencia cardíaca, cuando fueron comparados con los que no recibieron tratamiento para la disfunción eréctil.

Muchos estudios experimentales han demostrado que algunas terapias para la disfunción eréctil son cardioprotectoras, particularmente para personas que sufren insuficiencia cardiaca e infarto de miocardio. Estudios también han demostrado una disminución de la mortalidad en los pacientes con diabetes tipo 2, con el uso de estas terapias, cuando es tratada la disfunción eréctil,  lo cual sugiere un efecto independiente en la mortalidad.

Los efectos son de estas terapias son a nivel de las células del músculo liso vascular, en el musculo cardíaco (miocitos) y sobre las plaquetas, así como su efecto principal sobre la vasculatura del pene.

El mecanismo protector principal en el sistema cardiovascular, incluyendo la circulación del pene, está estrechamente relacionada con la regulación de la vasodilatación, originada por la liberación de ciertas sustancias (como el óxido nítrico) que restablecen varias alteraciones que ocurren en los mecanismos que controlan la salud vascular, por lo cual la mejoría de la erección se produce al lograr una mejor circulación en los vasos sanguíneos del pene, traduciendo lo que debería suceder en toda nuestra economía corporal para gozar de una buena salud cardiovascular y por supuesto no menos importante, una satisfactoria salud sexual.

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