Garantizar una adecuada hidratación es la medida más importante. Cuando ocurre un aumento en la frecuencia de las evacuaciones se pierde no solamente agua, sino también sales que son importantes para nuestro organismo. Es indispensable restituir la cantidad aproximada de líquidos perdidos a través de una mayor ingesta de soluciones de hidratación oral (suero oral), jugos con poca carga de azúcar, caldos o consomé, entre otros.

Debemos reducir la ingesta de alimentos que sean de difícil digestión como las grasas, harinas, granos y derivados lácteos; o aquellos que puedan empeorar la acumulación de gases.

Es importante vigilar el aspecto de las heces, si hay sangre o moco en ellas, o restos de alimentos sin digerir (los dos primeros deben motivar la consulta al médico), así como otros síntomas acompañantes de la diarrea, fiebre alta, escalofríos, vómitos y dolor abdominal que no mejora.

En los casos de diarrea aguda (menos de 72 horas) sin fiebre, vómitos o heces sin moco o sangre, es decir, en diarreas no complicadas, se puede emplear medicamentos antidiarreicos.