La vista un sentido noble

Pruebas realizadas en lágrimas de pacientes con infección por SARS-CoV-2, han demostrado la presencia del virus en el ojo.

Ya existía la evidencia de que algunos coronavirus podían ocasionalmente causar alteraciones oculares, como conjuntivitis previa al desarrollo de los síntomas respiratorios.   Aunque las infecciones virales habitualmente no producen afección de la retina (retinitis), se han reportado  algunos casos con virus del Nilo Occidental (pocos síntomas en la mayoría de los casos  y ocasionalmente puede producir afección neurológica) y virus Coxsackie (infección frecuente en niños, con pocos síntomas, que también puede producir conjuntivitis hemorrágica).

La creciente evidencia de la transmisión de persona a persona entre contactos cercanos, en especial en profesionales de la salud, incluyendo un oftalmólogos al inicio de la pandemia en Wuhan, describía que a pesar de estar completamente vestido con traje de protección y mascarilla N95, se infectó siendo el primer síntoma una conjuntivitis unilateral,  con aparición de fiebre algunos horas más tarde. Desde el reporte de este caso,  se ha hecho especial atención en cuanto al uso de protección ocular.

Síntomas inusuales

Dado que algunas personas pueden acudir por conjuntivitis, es importante (en especial  para los profesionales de la salud visual)  indagar sobre  síntomas sistémicos similares a los de la gripe y antecedentes de contactos familiares o comunitarios con sospecha de COVID-19. Además de los molestos e inocultables síntomas de la conjuntivitis,  alteraciones agudas en la visión, también podrían ser un síntoma, lo cual podría sugerir afectación de la retina.

Así como el virus compromete las células del pulmón, corazón, riñón, intestino y cerebro, los estudios de los tejidos han demostrado infección viral directa de células de las arterias y venas, ocasionado cambios que resultan en edema (inflamación), congestión y trombosis de pequeños vasos, que eventualmente dan lugar a isquemia de los órganos, y uno de ellos es la retina.

Estos hallazgos plantean que COVID-19 es una enfermedad sistémica, es decir que puede afectar todos los sistemas del organismo que involucran múltiples órganos a través de la invasión viral directa.

¿Quién está ante un mayor riesgo de secuelas visuales?

 La evidencia sugiere que la participación de la retina en COVID-19 puede ser relevante.  Esta posibilidad es de particular importancia sobre todo en personas con alto riesgo de retinopatía, como los diabéticos e hipertensos, ya que estas condiciones afectan también la retina. Tanto la diabetes y la hipertensión han demostrado estar entre los riesgos más prominentes para COVID-19 grave. Por lo tanto, el chequeo de pacientes con COVID-19 y retinopatía diagnosticada previamente, es de suma importancia para vigilar la progresión del daño.

Dada la magnitud de la pandemia actual, así como los grandes desafíos en términos de diagnóstico y manejo, debemos hacer hincapié en reconocer y notificar las posibles manifestaciones tempranas de COVID-19 incluyendo las menos comunes como la conjuntivitis viral como un posible síntoma, así como la presencia de síntomas visuales clínicamente significativos, como ver manchas, destellos de luz o disminución de la agudeza visual, que podría indicar la necesidad de un examen de retina, así como pruebas de seguimiento después de la recuperación de COVID-19, con el fin de explorar más a fondo la posibilidad de afectación de la retina.

Protección

Cuando se sospecha COVID-19 y en la atención medica en general, hoy en día se insiste en  la protección para los ojos (lentes) o protección facial (mascarilla facial). El cuidado principal está  en evitar el contacto de las membranas mucosas (ojos, nariz o boca).   Aunque no se ha considerado inicialmente la conjuntivitis o las alteraciones visuales como una característica clínica, hoy en día no se puede excluir, en particular porque  se sabe que con poca frecuencia otros coronavirus causan este tipo de afección.

Las medidas habituales deben seguirse aplicando para la prevención de la transmisión de la enfermedad, sobre todo el lavado de las manos. Es prudente evitar tocarse los ojos cuando sea posible en lugares de riesgo, en particular en aquellas personas que usan lentes. Para los trabajadores sanitarios en el entorno hospitalario, en especial los oftalmólogos deben tomar especial cuidado al examinar a los pacientes, tanto por la proximidad a la nariz  y boca, como la posible exposición a lágrimas que pueden contener el virus.