La hipertensión arterial (HTA) es una de las condiciones de salud más comunes, siendo prevalente con el aumento de la edad y se hace presente hasta en el 31% de la población adulta mundial, y en la misma proporción a nivel nacional.  Al no lograr el control de las cifras tensionales en la persona hipertensa, esta corre con mayor riesgo de accidente cerebrovascular, infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, ceguera y deterioro cerebral que puede progresar a demencia.

La hipertensión arterial  puede tener un origen genético o puede deberse a factores ambientales como mala alimentación, obesidad, tabaquismo, exceso del consumo de bebidas alcohólicas y el sedentarismo, como lo describe la organización mundial de la salud (OMS).

Se ha comprobado que solo un estilo de vida saludable, sin intervención farmacológica, pueden reducir en gran medida la prevalencia de hipertensión,  con pautas como reducción de peso y de ingesta de sodio, aumento de la actividad física, dejar de fumar, y disminuir el consumo de alcohol, son necesarios para lograr el control.

El alcohol ha sido parte de muchas culturas. Según la OMS, alrededor de 2.300 millones de personas consumen bebidas alcohólicas en todo el mundo, siendo mayor en la población europea. En promedio, los bebedores consumen 32,8 gramos de alcohol puro por día (3 bebidas promedio), siendo la cerveza  la bebida alcohólica más consumida. Exceder el límite de consumo de diario de alcohol, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hepáticas, y trastornos del sistema nervioso, así como mayor riesgo de algunos tipos de cáncer.

¿Qué ocurre cuando el alcohol ingresa a nuestro organismo?

El alcohol se difunde en el organismo rápidamente, ya que puede atravesar membranas biológicas con facilidad. La presencia de comida en el estómago enlentece la absorción de alcohol al retardar el vaciado gástrico.

Aunque el metabolismo del alcohol por el hígado es bien conocido, su metabolismo en otras partes del cuerpo no ha sido bien estudiado. Una de las sustancias que se produce por el metabolismo del alcohol es el acetaldehído, el cual  es muy reactivo y se ha asociado con una amplia gama de efectos en el organismo, entre ellos efectos adversos.

¿Cómo el alcohol puede influir en la presión arterial?

El alcohol puede producir cambios de la presión arterial a través de una variedad de mecanismos. El consumo de alcohol aumenta la actividad de una hormona llamada renina, que forma parte del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA), el cual provee el equilibrio de los líquidos y los electrolitos.

Un descontrol en este sistema podría aumentar los líquidos en nuestro organismo así como producir contracción de los vasos sanguíneos y de esta manera contribuiría al aumento de la presión arterial, como también lo produce el aumento del cortisol cuando el consumo de alcohol es excesivo. De la misma manera la renina estimula el sistema nervioso, con mayor liberación de adrenalina y produce aumento del trabajo cardiaco y de las pulsaciones.

Además el alcohol disminuye la sensibilidad de una especie de sensores  (barorreceptores), que participan en la regulación de la presión arterial, tanto alta como baja. Otras sustancias que también aumentan con el consumo de alcohol son las endorfinas que nos dan sensación de bienestar, y la histamina que nos produce rubor y en algunas personas puede ocasionar disminución importante de la presión arterial.

¿Deben los hipertensos evitar el consumo de alcohol o, al contrario, la ingesta de una pequeña cantidad diaria no hace daño y puede considerarse beneficiosa?

Datos basados en estudios científicos han planteado que la ingesta de alcohol tiene un efecto considerable sobre la presión arterial, ya que se ha demostrado que el consumo excesivo de este, causa hipertensión y conduce a alteraciones del corazón como la disfunción ventricular y miocardiopatía dilatada (dilatación de las paredes del corazón).

Por otro lado, existe también evidencia epidemiológica y clínica que demuestra que el consumo ligero a moderado de alcohol se asocia con una reducción riesgo de enfermedad arterial coronaria (EAC), y accidentes cerebrovasculares (ACV).

¿Pueden seguir consumiendo alcohol los hipertensos que lo hacen habitualmente?

Se ha documentado que altas dosis de bebidas alcohólicas (4 ó más bebidas al día) podría conducir a un aumento sostenido de la presión arterial y las consecuencias asociadas con la hipertensión, sobre todo después de 13 horas del consumo, debido al aumento de la contracción de los vasos sanguíneos.  

Las personas hipertensas que toman medicamentos antihipertensivos deben tener cuidado con el momento de la bebida alcohólica y la toma de algunos fármacos antihipertensivos, ya que la combinación puede repotenciar el efecto en la disminución de la presión arterial, sobre todo en las primeras 12 horas de la ingesta alcohólica.

Otro factor a considerar es que al aumentar la edad, es menor la cantidad de agua corporal y un tejido hepático reducido, lo que lleva a niveles más altos de alcohol en sangre, además de las enzimas metabolizadoras disminuidas. Es más probable que las poblaciones de mayor edad tomen más fármacos para tratar las comorbilidades existentes, y la interacción drogas-alcohol puede modificar el metabolismo ambas, reduciendo más la presión arterial y el riesgo de otros efectos no deseados.  

¿Qué cantidad de alcohol debe ser permitida en un paciente hipertenso?

En una reciente publicación titulada: una revisión de los efectos del alcohol en la presión arterial, se reportó que el consumo de alcohol en dosis bajas (1 bebida/día) no tuvo ningún efecto sobre la presión arterial dentro de las seis horas luego de la ingesta.

Consumir dosis moderadas (2-3 bebidas al día) de alcohol redujo la presión arterial hasta 12 horas después del consumo. Esto podría explicar la reducción de eventos cardiovasculares observada en los estudios observacionales.

Por otro lado, esta revisión demuestra que altas dosis (más de 3 bebidas al día) de alcohol, aumentan la presión arterial después de 13 horas y podría conducir a un aumento de la presión arterial el día siguiente del consumo.

También se determinó que tanto dosis bajas, moderadas y altas de alcohol producen aumento de la frecuencia cardíaca durante al menos las 6 horas luego del consumo, lo que sugiere que incluso una copa de vino aumenta la frecuencia cardiaca.

La mayor parte de estos resultados esta basada en hombres, con una pequeña proporción en mujeres.

Existen diferentes factores que traducen la condición de cada individuo, edad, sexo, peso, condición hepática y otras características que determinarán la cantidad permitida, la cual debe ser orientada por su médico de confianza.