La función eréctil es un fenómeno fisiológico y su afección puede implicar grandes trastornos en la personalidad y en la conducta humana.

Se basa en un mecanismo complejo, regulado por factores neurológicos, hormonales, vasculares y estructurales.

La erección del pene es el resultado final de una cadena de eventos que cursa con relajación de un tejido muscular de los vasos sanguíneos que se encuentra en los cuerpos cavernosos del pene, que son estructuras que acumulan gran cantidad de fluido sanguíneo, dando lugar a la erección.

Tras la estimulación sexual indispensable para la erección, se produce un aumento de una sustancia llamada óxido nítrico (ON), el cual es un mediador clave para el inicio y mantenimiento de la erección del pene. El on es sintetizado y liberado por células que se encuentran en la parte interna de los vasos sanguíneos llamado endotelio, especialmente en las arterias del pene y en las terminaciones nerviosas del cuerpo cavernoso.

La buena función eréctil depende de un delicado equilibrio entre la contracción de los vasos sanguíneos y los factores relajantes de los mismos, el cual se da armónicamente por un endotelio sano.

Cuando esta capa de células que se encuentra en la parte interna de los vasos sanguíneos llamada endotelio no funciona bien, su papel regulador  se ve alterado, lo que resulta en una disminución de la respuesta de los mecanismos vasodilatadores.

Se conoce muy bien que ciertas condiciones que afecten la función de las arterias y venas, como la  diabetes mellitus, enfermedad de las arterias coronarias, aterosclerosis, la hipertensión y el tabaquismo,  deterioran la función del endotelio de todo el organismo y del pene, y por su puesto la erección o su calidad.

Se ha demostrado el vínculo entre la ocurrencia  de la disfunción eréctil y una serie de factores de estilo de vida, como tabaquismo, obesidad, consumo de alcohol y falta de actividad física. Más importante aún, como la disfunción eréctil y las enfermedades cardiovasculares tienen efectos epidemiológicos compartidos, es crucial determinar estos factores de estilo de vida desfavorables no solo para la función eréctil sino también para una función endotelial generalizada.

En la práctica actual el tratamiento de la disfunción eréctil ha sido principalmente basado en el uso de terapias  orales como el enfoque de primera línea para la mayoría de los casos, debido a su alta eficacia, facilidad de uso y aceptable perfil de seguridad. Sin embargo, algunos pacientes con disfunción eréctil pueden no ser elegibles para estas opciones debido a una serie de factores, por lo cual es de suma importancia conocer los condicionantes que puede modificar esta patología con los mejores resultados.

Conozcamos el impacto de esos factores del estilo de vida en la función eréctil y los beneficios potenciales al modificar estos factores para mejorarla.

Fumar: cada cigarrillo incrementa el riesgo

Históricamente se ha reconocido el tabaquismo como factor de riesgo para la disfunción eréctil. El cigarrillo afecta la relajación de los vasos sanguíneos del pene, debido al daño que ocasiona este hábito en el endotelio. Se ha planteado que los fumadores tienen el doble de riesgo de disfunción eréctil que los no fumadores. También se ha demostrado que la duración del hábito, la cantidad de cigarrillos fumados por día y el número de años fumando está directamente relacionado con disfunción eréctil. La exposición de los fumadores al humo de otros fumadores también incrementa más el riesgo.

Fumar una caja diaria por al menos 20 años o más, tiene una relación directa con disfunción eréctil. Se conoce que aquellos hombres que fuman más de 2 cajas por día presentan tumescencia  nocturnas más cortas (erecciones espontáneas asociadas a una fase del sueño), que podría mejorar con el cese repentino del tabaco, ya que la nicotina causa contracción de las arterias del pene, disminuyendo la relajación la cual es necesaria para la erección.

Obesidad y dislipidemia: unos kilos y unos lípidos de más

Cuando hablamos de lípidos (grasas) en sangre, nos referimos a diferentes tipos de colesterol también llamadas  Lipoproteína de baja densidad o colesterol LDL,  y lipoproteínas de alta densidad identificadas como colesterol HDL. Su descontrol (dislipidemia) significa un factor de riesgo conocido para enfermedad vascular. Las grasas saturadas abundantes en la dieta (mantequilla, queso, carnes rojas entre otros alimentos)  el sedentarismo, y la prevalencia de  obesidad siguen aumentando en el mundo.  

Los estudios basados ​​en la población demuestran, que la dislipidemia y la obesidad son factores de riesgo importantes para disfunción eréctil. Entre los hombres con disfunción eréctil, se encontró que el 26 % tenía niveles elevados de colesterol en sangre, y este riesgo aumenta cuando la hipertensión también está presente.

Mientras el colesterol HDL (colesterol bueno) sea mayor, la probabilidad de tener disfunción eréctil será menor.

Un colesterol (HDL) de 30 mg/dL o menos se asocia a mayor riesgo de disfunción eréctil, mientras que con valores de HDL mayores de 50 mg/dl el riesgo de disfunción eréctil prácticamente desaparece, según reportan algunas investigaciones.

De igual manera se ha demostrado que un IMC >30 kg/m2  (índice de masa corporal) se asoció con disfunción eréctil. El  IMC es un cálculo realizado con el peso y la talla, el cual nos habla de sobrepeso u obesidad según sus valores.

Al lograr la disminución significativa en los valores de colesterol total y LDL se ha demostrado un aumento en la cantidad y calidad de las erecciones.

Alcohol: en su justa medida

El consumo excesivo de alcohol se ha considerado durante mucho tiempo como factor de riesgo de disfunción eréctil. Aunque se considera que mejora la erección y el impulso sexual cuando se utiliza en pequeñas cantidades,  debido a su efecto vasodilatador y supresor de la ansiedad, grandes cantidades pueden causar sedación del sistema nervioso central, disminución de la libido y disfunción eréctil.

La cantidad, duración y tipo de alcohol consumido para definir si el alcohol es un contribuyente o protector para la disfunción eréctil, puede ser muy variable entre cada persona.

Actividad física: moverse para un menor riesgo

Dados los perfiles de factores de riesgo similares para disfunción eréctil y enfermedades cardiovasculares, se plantea que ambos comparten factores de protección similares, incluida la actividad física. Se ha demostrado el beneficio de la actividad física para la función eréctil,  encontrando que el riesgo es menor en aquellos con > 200 kcal/día de actividad física  (20 minutos de subir escaleras, andar en bicicleta, spinning, boxear, sacar a pasear a tu perro) en comparación con aquellos con <200 kcal/día de actividad física.

Si bien algunas disciplinas deportivas nos benefician,  algunos han descrito riesgo de disfunción eréctil.  El futbol americano podría implicar mayor riesgo de disfunción eréctil debido a niveles bajos de testosterona, asociado a los traumatismos craneales frecuentes en esta práctica. El ciclismo otra actividad que podría incluir este riesgo, debido al efecto mecánico que ocasiona el contacto del asiento con el aparato sexual masculino y las zonas pélvicas que lo comprenden.

Sueño: descanso necesario

La asociación entre la interrupción del sueño, los trastornos del sueño y la disfunción eréctil cada vez ha sido más estudiada. 

Hay evidencia que la disfunción eréctil puede ser una consecuencia de varios trastornos del sueño. Es importante considerar los trastornos del sueño ante un paciente con disfunción sexual, especialmente dado que muchos trastornos del sueño son poco diagnosticados. 

La testosterona, hormona masculina asociada a la erección; tiene un ritmo de producción diurno, comienza a aumentar al inicio del sueño y alcanza un pico durante el primer episodio de sueño, también conocido como sueño MOR (movimientos oculares rápidos). Por tanto, los niveles circulantes de testosterona son más altos durante el sueño que durante despertar, y el insomnio o el sueño insuficiente pueden afectar el nivel de testosterona, mediante  acortamiento de la duración del sueño o alteración de la estructura del mismo. De hecho, se ha demostrado que la pérdida de sueño durante la segunda mitad de la noche reduce significativamente en mañana niveles de testosterona.

Se ha planteado que un sueño restringido a 5 horas por noche por al menos 8 noches, se asocia a disminución de los niveles de testosterona notablemente. 

También se ha demostrado que ciertas ocupaciones, como los trabajadores por turnos rotativos con pobre calidad del sueño, tenían un mayor riesgo de disfunción sexual, independientemente de los niveles de testosterona. La testosterona juega un papel importante en la función sexual, masa muscular, densidad mineral ósea e incluso estado anímico. El Insomnio crónico o restricción crónica del sueño, no solo podría causar disminuciones en los niveles de testosterona, también podría tener marcadas implicaciones para salud y calidad de vida, incluida la función sexual.

Medicamentos: más beneficios y menos efectos indeseados

Algunos medicamentos, en especial para el control de hipertensión arterial pueden producir riesgo de disfunción eréctil.  Es muy importante la comunicación oportuna con tu médico tratante si notas que al tomar tu medicación tus erecciones disminuyen o son de menor calidad. No consideres que es un efecto que debes aceptar como normal asociado al tratamiento, ya que existen terapias para la hipertensión que incluso también podrían mejorar tu función eréctil.

Del mismo modo, algunos antidepresivos son conocidos por empeorar la función eréctil, pero en ciertas ocasiones podrían ser sustituidos por aquellos con menor riesgo de este efecto indeseado.

El control del azúcar en sangre (glicemia) con dieta y medicamentos antidiabéticos también puede ayudar a mejorar el endotelio de los vasos sanguíneos y beneficiar la erección.

Tú pareja: la disfunción de uno afecta a los dos

Efectos de la disfunción eréctil en las parejas son sorprendentemente similares a los efectos sobre el hombre. Cuando ocurre disfunción eréctil en un hombre, su pareja femenina dudará de su atractivo y se preocupará de que él podría estar con otra pareja. Estos pensamientos ansiosos influyen en su confianza y provocan ansiedad y depresión, que afectará también al hombre.

La disfunción eréctil puede causar frustración, ansiedad y depresión en las parejas, resultando en separación y/o divorcio con el progreso de la enfermedad. Este  círculo vicioso de ansiedad y trastornos en la erección abarca toda la relación. En el transcurso las parejas disminuirán la frecuencia de los contactos sexuales, tiempos juntos y comunicación. Además,  se ha demostrado que las mujeres participaban con menos frecuencia en la actividad sexual después de que su pareja desarrolló disfunción eréctil y que su vida sexual era menos satisfactoria cuando la disfunción eréctil  de su pareja era más grave.   Una investigación encontró que en comparación con la población general, se sabía que la calidad de vida de las parejas con disfunción eréctil estaba muy disminuida.

La disfunción eréctil no solo daña la salud de los hombres, también daña la armonía de la relación entre parejas, por lo cual una comunicación  oportuna  ayudará a evitar mayores consecuencias, sobre todo si entre dos se busca orientación médica y psicológica.

Reconocidos factores, incluido el envejecimiento, la enfermedad de las arterias coronarias, aterosclerosis, diabetes mellitus, hipertensión arterial, y cirugías pélvicas, se han  identificado,  pero la atención a esta medicina sexual  se deja muchas veces de lado, siendo tan importante el aspecto eréctil como las propias enfermedades en sí, debido a los trastornos que puede ocasionar en la calidad de vida del hombre y en la satisfacción de su pareja.

Conociendo el  vínculo entre la aparición de disfunción eréctil y estos factores del estilo de vida, los esfuerzos deben estar centrados inicialmente en la modificación de los mismos, en conjunto con otras medidas adicionales según cada caso.

Cambia tu estilo de vida para que no cambie tu buena función eréctil.